jueves, diciembre 24, 2009
Otro año sin ganas de hacer balances
Los menos, bueno pérdidas, la lejanía con Juan y Tano, la lejanía de la carola, la distancia brutal del corazón de Gloria, la conciencia de haber sido tan irresponsable con la oportunidad de ser feliz, el recuerdo cada vez más lejano de Ani y su familia (hoy recordé eso que me dijo cuando le conté mi decisión de hace 4 años, me sigue dando vueltas esa frase: "te arrepentirás de esta decisión el resto de tu vida").
Ojalá que el regreso de mi viaje a Pta Arenas y Las Torres del Paine con mi amiga Rossana, ya en 2010, sea un año bueno para los dos. Para mi, superar el recuerdo del amor que aún siento por Gloria, y poder mirar con responsabilidad las oportunidades que se me presenten de volver a construir una relación sana, y para la Negra para superar la pena de ese amor imposible y maltratador que aún carga.
En realidad el balance podría ser más ecuánime, pero no tengo ganas, estoy demasiado cansado de volver después de 365 días a sentirme así de sólo. Ahora a una ducha e irme a cenar con mi Tía, quizás me quede allá, veremos.
miércoles, diciembre 23, 2009
viernes, diciembre 18, 2009
Qué es esta sensación
Porqué lo has reducido a esto?, al recuerdo, a un recuerdo que se escapa de la memoria?. Tengo temor, espero que sea sólo mi imaginación.
jueves, diciembre 17, 2009
Una desilusión amorosa provoca un dolor físico real
Amor rima con dolor. Bien lo dicen las canciones y los poetas. Ya sea que se trate del rompimiento de una relación, la exclusión social o la muerte de un ser querido, ambas emociones suelen encontrarse. Y lo hacen en el cerebro: frente a una pérdida emocional se activan las mismas áreas cerebrales asociadas al dolor físico.
Así, sea agua hirviendo o una desilusión amorosa, al cerebro poco le importa y envía señales similares.
Esto explica, según los expertos, que el sufrimiento emocional duela físicamente y que de la misma forma como una lesión física puede causar un dolor crónico, mucha gente nunca se recupera de una herida emocional, como explica la psicóloga Naomi Eisenberger, de la Universidad de California, en Los Angeles (UCLA), y autora de la investigación que ha sido publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
La investigadora cree que el dolor físico y el dolor emocional están vinculados de esta forma porque las relaciones sociales son cruciales para nuestra supervivencia como especie.
Mensaje de advertencia
Por un lado, el dolor físico es una advertencia de nuestro organismo para no hacer algo que nos dañe, como, por ejemplo, caminar con un tobillo o una pierna rota.
El dolor emocional, en tanto, también puede ser una advertencia, por ejemplo, para no volver a acercarnos a cierto tipo de hombre o de mujer que nos puede herir a nivel emocional.
"El sistema de uniones sociales está muy vinculado al sistema de dolor físico para asegurar que el ser humano permanece conectado de cerca a los otros", dice Eisenberger.
Utilizando exámenes de imagenología, la investigadora logró demostrar qué partes del cerebro se activan cuando sentimos dolor emocional.
Para eso, 122 personas fueron expuestas a un juego de computadora en el que deliberadamente se hace que los participantes se sientan excluidos. En forma simultánea, los voluntarios fueron sometidos a un escáner cerebral.
Así, pudo observar que el cerebro procesa de la misma forma el dolor que la persona siente al ser rechazada socialmente que el que siente con el dolor físico.
Este proceso se lleva a cabo en una zona cerebral llamada corteza cingular anterior. "Es en el área frontal del cerebro. Por estudios en animales o cirugías en humanos se ha visto que lesiones en esta zona hacen que las personas perciban menos el dolor físico", explica la doctora Gisela Kuester, neuróloga de Clínica Las Condes.
Allí radicaría entonces la causa de que alguien que sufre una pena de amor, por ejemplo, sienta un dolor en el estómago o en el corazón. "Hay circuitos neuronales comunes entre el dolor físico y el dolor social", dice Kuester.
Y de la misma forma como el dolor físico puede volverse crónico, también ocurre lo mismo con el dolor emocional.
Mary Frances O'Connor, investigadora de la UCLA, lo llama "pena compleja", y ocurre en alrededor del 10% de las personas que sufren la pérdida de un ser querido. "Estas personas experimentan mucha amargura y enojo, y no pueden adaptarse al dolor con el paso del tiempo, como muchas otras personas sí lo hacen".
Los investigadores sospechan que quienes no logran adaptarse al dolor emocional son quienes también experimentan los mayores niveles de dolor físico.
Analgésico natural
El dolor físico se puede reducir sólo con mirar la foto del ser amado. Esto es lo que reveló un estudio también realizado por científicos de la Universidad de California en Los Ángeles, con 25 mujeres emparejadas hace al menos seis meses, y a las que se sometió a estímulos de calor moderadamente dolorosos en sus antebrazos.
El procedimiento se repitió en una serie de diferentes condiciones para la mujer: mientras sujetaban la mano de sus novios (sentados tras una cortina), la mano de un extraño (también situado tras una cortina), una pelota, mirando la imagen de sus parejas en la pantalla de un computador o viendo imágenes neutras (como de una silla), entre otras. A través de un escáner cerebral se veía la reacción, y así se comprobó que la sensación de dolor era menor cuando miraban la imagen de su pareja. Los investigadores creen que esto se debe a que las imágenes de los seres amados activan representaciones mentales placenteras, que tendrían un efecto paliativo para el dolor.
martes, diciembre 15, 2009
El matrimonio protege contra la depresión
El matrimonio es en realidad bueno para usted, pues reduce los riesgos de depresión y ansiedad, unos trastornos que afectan mucho más a las personas que terminaron una relación, según concluyó un gran estudio internacional.
El sondeo realizado entre 34.493 personas en 15 países fue dirigido por la psicóloga clínica Kate Scott de la University of Otago de Nueva Zelanda, y está basado en los estudios de la sección de Salud Mental Mundial (WMH, por su sigla en inglés) de la Organización Mundial de la Salud.
Poner fin al matrimonio bien por separación, divorcio o muerte está relacionado con un incremento del riesgo de trastornos mentales, con las mujeres siendo más propensas a recurrir al abuso de sustancias y los hombres más proclives a acabar deprimidos, según una de las conclusiones del estudio.
"Lo que hace esta investigación única y más sólida es la muestra tan grande y de tantos países y el hecho de que tenemos datos no sólo de la depresión (...) sino también de la ansiedad y de los trastornos por consumo de sustancias", dijo Scott en un comunicado.
"Además, pudimos observar lo que sucede en cuanto a salud mental en el matrimonio, comparando tanto las relaciones que no acaban en boda, como el final de un matrimonio", agregó.
Scott dijo que el estudio encontró que el matrimonio, comparada con la opción de no casarse, era bueno para la salud mental de ambos sexos, no sólo mujeres, tal y como habían concluido estudios anteriores.
No obstante, el sondeo encontró que los hombres son menos propensos a la depresión en su primer matrimonio que las mujeres, un factor que Scott dijo estaba probablemente relacionado a los roles tradicionales de género en casa, mientras que otros estudios de la WMH han demostrado que en las mujeres con mejor educación, los índices de depresión tienden a caer.
La otra diferencia de género que el estudio encontró es que el matrimonio reduce el riesgo de trastorno por abuso de sustancias más en las mujeres que en los hombres. Scott dijo que esto se puede explicar por el hecho de que las mujeres suelen ser las principales cuidadoras de los niños pequeños.
Sin embargo, la desventaja del matrimonio, según el estudio, es que su fin supone un impacto negativo en ambos géneros.
"Lo que nuestro estudio señala es que la relación matrimonial ofrece una gran cantidad de beneficios de salud mental para hombres y mujeres, y que la angustia y los trastornos asociados con la eliminación del matrimonio hace a las personas vulnerables al desarrollo de trastornos mentales", concluyó Scott.
El estudio, publicado recientemente en la revista británica Psychological Medicine, fue realizado en asociación con la Organización Mundial de la Salud, Harvard University y otras instituciones internacionales.
sábado, diciembre 12, 2009
Dos en la ciudad
Letra:
Nos encontramos en la calle
yo diría, casualidad
aún conservaba esa mirada
ese garbo, ese swing, ese charme
venía supercolocada
su sonrisa, sí, era algo especial
cuando me dio la cachetada
puso las cosas en su lugar
luego me abrió su boca
como la libertad
tomamos unas copas
y en el bar se echó a llorar
el tiempo pasó
fuimos ella y yo, 2 en la ciudad
Me preguntó cómo había sido
cómo fue que elegí partir
si había tenido algunos hijos
y si alguna vez fui tan feliz
le pregunté si estaba sola
ella sí que sabía fingir
que ingenuidad, no era una boba
era el mismo monte Sinaí
Pasó, pasó
pasó nuestro cuarto de hora
pasó, pasó
pero aún sabíamos reír
se nos pasó
la noche entre el whisky y la coca
se nos pasó
pero aún sabíamos reír
Todo el fin de semana
no nos dejamos ir
cuando me levanté ese lunes
ella ya no estaba allí
el tiempo pasó
fuimos ella y yo
2 en la ciudad
Pasó, pasó
pasó nuestro cuarto de hora
pasó, pasó
pero aún sabíamos reír
se nos pasó
la noche entre el whisky y la coca
se nos pasó
pero aún sabíamos reír
Dos en la ciudad
fuimos ella y yo
dos en la ciudad
nuestro cuarto de hora
fuimos ella y yo
dos en la ciudad (x 3)
martes, diciembre 01, 2009
La insoportable levedad del ser
Los primeros capítulos:
1
La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?
El mito del eterno retorno viene a decir, per negatio-nem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.
¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno?
Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.
Si
Digamos, por tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto ha como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia; todo, incluida la guillotina.
No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; ¿pero qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?
Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.
2
Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada (das schwerste Gewicht).
Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?
La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.
Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.
Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?
Este fue el interrogante que se planteó Parménides en el siglo sexto antes de Cristo. A su juicio todo el mundo estaba dividido en principios contradictorios: luz-oscuridad; sutil-tosco; calor-frío; ser-no ser. Uno de los polos de la contradicción era, según él, positivo (la luz, el calor, lo fino, el ser), el otro negativo. Semejante división entre polos positivos y negativos puede parecemos puerilmente simple. Con una excepción: ¿qué es lo positivo, el peso o la levedad?
Parménides respondió: la levedad es positiva, el peso es negativo.
¿Tenía razón o no? Es una incógnita. Sólo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones.
3
Pienso en Tomás desde hace años, pero no había logrado verlo con claridad hasta que me lo iluminó esta reflexión. Lo vi de pie junto a la ventana de su piso, mirando a través del patio hacia la pared del edificio de enfrente, sin saber qué debe hacer.
Se encontró por primera vez a Teresa hace unas tres semanas en una pequeña ciudad checa. Pasaron juntos apenas una hora. Lo acompañó a la estación y esperó junto a él hasta que tomó el tren. Diez días más tarde vino a verle a Praga. Hicieron el amor ese mismo día. Por la noche le dio fiebre y se quedó toda una semana con gripe en su casa.
Sintió entonces un inexplicable amor por una chica casi desconocida; le pareció un niño al que alguien hubiera colocado en un cesto untado con pez y lo hubiera mandado río abajo para que Tomás lo recogiese a la orilla de su cama.
Teresa se quedó en su casa una semana, hasta que sanó, y luego regresó a su ciudad, a unos doscientos kilómetros de Praga. Y entonces llegó ese momento del que he hablado y que me parece la llave para entrar en la vida de Tomás: está junto a la ventana, mira a través del patio hacia la pared del edificio de enfrente y piensa:
¿Debe invitarla a venir a vivir a Praga? Le daba miedo semejante responsabilidad. Si la invitase ahora, vendría junto a él a ofrecerle toda su vida.
¿O ya no debe dar señales de vida? Eso significaría que Teresa seguiría siendo camarera en un restaurante de una ciudad perdida y que él ya no la vería nunca más.
¿Quería que ella viniera a verle, o no quería?
Miraba a través del patio hacia la pared de enfrente y buscaba una respuesta.
Se acordaba una y otra vez de cuando estaba acostada en su cama: no le recordaba a nadie de su vida anterior. No era ni una amante ni una esposa. Era un niño al que había sacado de un cesto untado de pez y había colocado en la orilla de su cama. Ella se durmió. El se arrodilló a su lado. Su respiración afiebrada se aceleró y se oyó un débil gemido. Apretó su cara contra la de ella y le susurró mientras dormía palabras tranquilizadoras. Al cabo de un rato sintió que su respiración se serenaba y que la cara de ella ascendía instintivamente hacia la suya. Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiró como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación de que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.
Ahora estaba junto a la ventana e invocaba ese momento. ¿Qué podía ser sino el amor que había llegado de ese modo para que él lo reconociese?
Pero ¿era amor? La sensación de que quería morir junto a ella era evidentemente desproporcionada: ¡era la segunda vez que la veía en la vida! ¿No se trataba más bien de la histeria de un hombre que en lo más profundo de su alma ha tomado conciencia de su incapacidad d e amar y que por eso mismo empieza a fingir amor ante sí mismo? ¡Y su subconsciente era tan cobarde que había elegido para esa comedia precisamente a una pobre camarera de una ciudad perdida, que no tenía prácticamente la menor posibilidad de entrar a formar parte de su vida!
Miraba a través del patio la sucia pared y se daba cuenta de que no sabía si se trataba de histeria o de amor.
Y le dio pena que, en una situación como aquélla, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento más hermoso que había vivido jamás (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte).
Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera qué quería:
El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.
¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?
No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
«Einmal ist keinmal», repite Tomás para sí el proverbio alemán. Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.
4
Pero luego, un día, en un descanso entre dos operaciones, la enfermera le avisó que le llamaban al teléfono. En el auricular oyó la voz de. Teresa. Le llamaba desde la estación. Se alegró. Era una lástima que para esa misma noche ya hubiera quedado en ir a visitar a unos amigos, de modo que la invitó a venir a su casa al día siguiente. En cuanto colgó se arrepintió de no haberle dicho que viniera en seguida. ¡Si aún tenía tiempo de aplazar la visita! Se puso a pensar en qué podría hacer Teresa en Praga teniendo que esperar nada menos que treinta y seis horas hasta verlo, y le dieron ganas de coger el coche e ir a buscarla por las calles de la ciudad.
Llegó al día siguiente al anochecer, llevaba un bolso colgado del hombro con una correa larga y le pareció más elegante que la otra vez. Tenía en la mano un libro grueso. Era Ana Karenina de Tolstoi. Su comportamiento era alegre, incluso un tanto ruidoso, y trataba de que pareciera que había ido a verle por casualidad, gracias a una feliz coincidencia: estaba en Praga por motivos de trabajo o quizá (sus explicaciones eran muy confusas) para ver si encontraba un trabajo.
Estaban acostados, más tarde, desnudos y fatigados, los dos juntos en la cama. Era ya de noche. El le preguntó dónde se alojaba, para llevarla en coche. Le respondió tímidamente que todavía no había buscado hotel y que la maleta la tenía en la consigna de la estación.
Ayer mismo había tenido miedo de que, si la invitaba a visitarle en Praga, viniera a ofrecerle toda su vida. Cuando ahora le dijo que tenía la maleta en la consigna, se dio cuenta de inmediato de que en esa maleta estaba toda la vida de ella y de que la había dejado momentáneamente en la estación antes de ofrecérsela.
Cogió el coche que estaba aparcado delante del edificio, fue hasta la estación, recogió la maleta (era grande y enormemente pesada) y regresó a casa, con la maleta y con ella.
¿Cómo es posible que se decidiera con tanta rapidez cuando había estado casi catorce días dudando y sin ser capaz de enviarle ni siquiera una postal con un saludo?
El mismo estaba sorprendido. Estaba actuando en contra de sus principios. Hace diez años se divorció de su primera mujer y vivió el divorcio con el ánimo festivo con que otros celebran su boda. Se daba cuenta de que no había nacido para convivir con una mujer y de que sólo podía encontrarse plenamente a sí mismo viviendo como un solterón. Puso todo su empeño en organizarse tal sistema de vida que nunca pudiera ya entrar en su casa una mujer con su maleta. Ese era el motivo por el cual no tenía en su casa más que una cama. A pesar de que era una cama bastante ancha, Tomás les decía a todas sus amantes que era incapaz de dormir si compartía la cama con alguien y las llevaba a todas a medianoche a sus casas. Por lo demás, la primera vez que Teresa se quedó en su casa con la gripe, nunca durmió con ella. La primera noche él la pasó en un sofá grande y la noche siguiente se marchó al hospital, donde tenía su despacho y en él una camilla que utilizaba durante las guardias.
Pero esta vez se durmió a su lado. Por la mañana se despertó y comprobó que Teresa, que aún dormía, lo tenía cogido de la mano. ¿Habrían estado así durante toda la noche? Le parecía difícil creerlo.
Ella respiraba profundamente entre sueños, apretaba su mano (con fuerza, no fue capaz de lograr que se la soltara), y la maleta enormemente pesada estaba a su lado, junto a la cama.
Temía intentar que le soltara la mano, por no despertarla, y con mucho cuidado se dio media vuelta hasta apoyarse en un costado para poder observarla mejor.
Volvió a imaginar que Teresa era un niño al que alguien había colocado en un cesto untado con pez y lo había mandado río abajo. ¡No se puede dejar que un cesto con un niño dentro navegue por un río embravecido! ¡Si la hija del faraón no hubiera rescatado de las olas el cesto del pequeño Moisés, no hubiera existido el Antiguo Testamento ni toda nuestra civilización! Hay tantos mitos que comienzan con alguien que salva a un niño abandonado. ¡Si Pólibo no se hubiera hecho cargo del pequeño Edipo, Sófocles no hubiera escrito su más bella tragedia!
Tomás no se daba cuenta en aquella ocasión de que las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora.
5
Vivió apenas dos años con su primera mujer y concibió con ella un hijo. Cuando tramitaron el divorcio, el juez otorgó el niño a la madre y condenó a Tomás a pagar por él un tercio de su sueldo. Al mismo tiempo le garantizó que tendría derecho a ver al niño un domingo de cada dos.
Pero cada vez que tenía que ver a su hijo, la madre inventaba alguna excusa. Si les hubiera llevado costosos regalos, seguramente habría habido menos obstáculos para los encuentros. Comprendió que tenía que pagarle a la madre, y pagarle por anticipado, por el cariño del hijo. Se imaginó cómo iba a pretender quijotescamente inculcar en el futuro al hijo sus opiniones, que eran diametralmente opuestas a las de la madre. Ya se sentía cansado de antemano. Un domingo, cuando la madre volvió a anular en el último momento una cita con su hijo, decidió de repente que ya no quería volver a verle nunca en la vida.
Además ¿por qué iba a tener que sentir por este niño, al que no lo unía nada más que una noche imprudente, algo más que por otra persona cualquiera? ¡Pagará puntualmente lo que le corresponda, pero que nadie le pida que luche por el derecho a su hijo en nombre de quién sabe qué sentimientos paternales!
Por supuesto que nadie estuvo de acuerdo con semejante postura. Sus propios padres condenaron su actitud y dijeron que, si Tomás se negaba a interesarse por su hijo, ellos harían lo propio con el suyo. Mantuvieron en cambio excelentes relaciones con la nuera, jactándose ante los amigos de su comportamiento ejemplar y de su sentido de la justicia.
De ese modo consiguió librarse en poco tiempo de su mujer, su hijo, su madre y su padre. Lo único que le quedó de todos ellos fue el miedo a las mujeres. Las deseaba, pero les tenía miedo. Entre el miedo y el deseo no tenía más remedio que buscar una especie de compromiso; lo denominaba «amistad erótica». A sus amantes les decía: sólo una relación no sentimental, en la que uno no reivindique la vida y la libertad del otro, puede hacer felices a los dos.
Quería tener la seguridad de que la amistad erótica nunca llegaría a convertirse en la agresividad del amor, y por eso mantenía largas pausas entre los encuentros con cada una de sus amantes. Estaba convencido de que éste era un método perfecto y lo propagaba entre sus amigos: «Hay que mantener la regla del número tres. Es posible ver a una mujer varias veces seguidas, pero en tal caso no más de tres veces. También es posible mantener una relación durante años, pero con la condición de que entre cada encuentro pasen al menos tres semanas».
Este sistema le daba a Tomás la posibilidad de no separarse de sus amantes permanentes, teniendo al mismo tiempo una considerable cantidad de amantes pasajeras. No siempre encontraba comprensión. La que mejor le entendía de todas sus amigas era Sabina. Era una pintora. Le decía: «Te quiero porque eres el polo opuesto al kitsch. En el reino del kitsch serías un monstruo. No hay ninguna película rusa o americana en la que pudieras existir más que como ejemplo de maldad».
A ella acudió cuando necesitó encontrar un empleo en Praga para Teresa. Tal como lo exigían las reglas tácitas de la amistad erótica, Sabina le prometió que haría lo posible y, en efecto, pronto encontró un puesto en el laboratorio fotográfico de un semanario. El puesto no requería preparación especial, sin embargo elevó a Teresa del status de camarera al del gremio de la prensa. Ella misma acompañó a Teresa a la redacción, mientras Tomás decía para sus adentros que jamás había tenido una amiga mejor que Sabina.
6
El acuerdo tácito sobre la amistad erótica presuponía que Tomás dejaba el amor fuera de su vida. En cuanto incumpliese esta condición, sus demás amantes se encontrarían en una posición secundaria y se rebelarían.
Por eso buscó para Teresa un piso de alquiler al que ella tuvo que llevar su pesada maleta. Quería velar por ella, defenderla, disfrutar de su presencia, pero no sentía necesidad de cambiar su estilo de vida. Por eso no quería que se supiera que Teresa dormía en su casa. Dormir juntos era, en realidad, el corpus delicti del amor.
Nunca dormía con las demás amantes. Cuando iba a verlas a sus casas, la cuestión era sencilla, podía irse cuando quería. Peor era cuando ellas estaban en casa de él y había que explicarles que a medianoche debía llevarlas a sus casas porque tenía problemas de insomnio y era incapaz de dormir en la inmediata proximidad de otra persona. Aquello no estaba muy lejos de la verdad, pero la causa principal era peor y no se atrevía a contársela: en el mismo momento en que terminaba el acto amoroso sentía un deseo insuperable de quedarse solo; despertarse en medio de la noche junto a una persona extraña le desagradaba; levantarse por la mañana junto con alguien le producía rechazo; no tenía ganas de que nadie oyese cómo se limpiaba los dientes en el cuarto de baño y la intimidad del desayuno para dos no le atraía.
Por eso se sorprendió tanto cuando se despertó y Teresa cogía con fuerza su mano. La miraba y no podía entender qué había pasado. Se acordaba de las horas que acababan de pasar y le parecía que de ellas se desprendía el perfume de quién sabe qué felicidad desconocida.
Desde entonces los dos disfrutaban durmiendo juntos. Diría casi que el objetivo del acto amoroso no era para ellos el placer sino el sueño que venía después de aquél. Ella, en particular, no podía dormir sin él. Cuando alguna vez se quedaba sola en su piso alquilado (que iba convirtiéndose cada vez más en una simple tapadera), no podía conciliar el sueño en toda la noche. En sus brazos se dormía por más excitada que estuviera. El le susurraba al oído historias que inventaba para ella, cosas sin sentido, palabras que repetía monótonamente, consoladoras o chistosas. Aquellas palabras se convertían en visiones confusas que la transportaban hasta el primer sueño. Tenía el sueño de ella totalmente en su poder y ella se dormía en el instante que él elegía.
Cuando dormían, se aferraba a él como la primera noche: se cogía con fuerza de su muñeca, de su dedo, de su tobillo. Si quería alejarse sin despertarla, debía utilizar algún truco. Liberaba el dedo (la muñeca, el tobillo) de su encierro, lo cual siempre la despertaba a medias, porque ni aun dormida dejaba de vigilar atentamente lo que él hacía. Se calmaba cuando en lugar de su muñeca ponía en su mano algún objeto (un pijama retorcido, un zapato, un libro) que ella luego apretaba firmemente como si fuera parte del cuerpo de él.
Una vez, mientras la adormecía y ella no había pasado aún de la primera antesala del sueño, de modo que todavía era capaz de responder a sus preguntas, le dijo: «Bueno. Yo ahora me voy». «¿Adonde?», le preguntó. «Me voy», dijo con voz severa. «¡Voy contigo!», dijo y se incorporó. «No, no puedes. Me voy para siempre», dijo y salió de la habitación al vestíbulo. Ella se levantó y con los ojos entrecerrados fue tras él. No llevaba más que un camisón corto, sin nada debajo. Su cara permanecía impasible, inexpresiva, pero sus movimientos eran enérgicos. El salió del vestíbulo al pasillo (el pasillo común del edificio) y cerró la puerta. Ella la abrió bruscamente y fue tras él, convencida en su sueño de que quería irse para siempre y de que debía detenerlo. El bajó las escaleras hasta el primer descansillo y allí la esperó. Ella llegó hasta él, lo cogió de la mano y se lo llevó de regreso a la cama.
Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).
7
En medio de la noche empezó a gemir en sueños. Tomás la despertó, pero al ver su cara le dijo con odio: «¡Vete! ¡Vete!». Después le contó lo que había soñado: estaban en algún lugar juntos ellos dos y Sabina. Entraron en una habitación grande. En medio había una cama, como en un escenario de teatro. Tomás le ordenó que se quedara de pie en un rincón y después, delante de ella, hizo el amor con Sabina. Esa visión le producía un dolor que no podía soportar. Quería interrumpir el dolor del alma mediante el dolor del cuerpo y se metía agujas en las uñas. «Dolía tanto», decía, y mantenía los puños cerrados como si los dedos estuvieran heridos de verdad.
La abrazó y ella lentamente (aún estuvo mucho tiempo temblando) fue durmiéndose en sus brazos. Cuando, al día siguiente, volvió a pensar en aquel sueño, recordó algo. Abrió el cajón del escritorio y sacó un paquete de cartas que le había enviado Sabina. Pronto encontró el siguiente párrafo: «Quisiera hacer el amor contigo en mi estudio, como en un escenario. Alrededor habría gente y no podrían acercarse ni un paso. Pero no podrían quitarnos los ojos de encima...».
Lo peor era que la carta llevaba fecha. Era reciente, de una época en la que hacía tiempo ya que Teresa vivía en casa de Tomás.
«¡Has estado revolviendo mis cartas!», le espetó.
No lo negó y dijo: «¡Entonces échame!».
Pero no la echó. Tenía la imagen de ella ante los ojos, pegada a la pared del estudio de Sabina, clavándose agujas bajo las uñas. Cogió sus dedos, los acarició, se los llevó a los labios y los besó como si aún hubiera en ellos huellas de sangre.
Pero a partir de entonces fue como si todo se aliara en contra suya. Casi todos los días ella se enteraba de algún detalle de la vida amorosa secreta de él.
Al principio él lo había negado todo. Cuando las pruebas se hicieron demasiado evidentes, procuró demostrar que su poligamia no era en nada contradictoria con su amor por ella. No era consecuente: a ratos negaba sus infidelidades y a ratos volvía a justificarlas.
Una vez llamó a una mujer para quedar con ella. Al terminar la conversación oyó un extraño sonido que venía de la habitación contigua, como un sonoro castañeteo de dientes.
Por casualidad, ella había ido a su casa sin que él lo advirtiese. Llevaba en la mano un frasco de calmante, se lo estaba bebiendo y el temblor de la mano hacía que el cristal le golpeara los dientes.
Se lanzó hacia ella como si la salvara de un naufragio. El frasco con la valeriana cayó al suelo y estropeó la alfombra. Ella se resistió, quería soltarse, y él tuvo que mantenerla abrazada durante un cuarto de hora como con una camisa de fuerza antes de conseguir calmarla.
Sabía que la situación en la que se encontraba no tenía justificación posible, porque se asentaba en una absoluta desigualdad.
Antes de que ella descubriera su correspondencia con Sabina habían estado con un grupo de amigos en un bar. Celebraban el nuevo empleo de Teresa. Había dejado el laboratorio y se había convertido en fotógrafa del semanario. Como a él no le gustaba bailar, un joven colega se hizo cargo de Teresa. El aspecto que tenían en la pista de baile era estupendo y Teresa le parecía más hermosa que nunca. Advertía asombrado con qué precisión y obediencia Teresa se adelantaba en una fracción de segundo a la voluntad de su compañero. Era como si aquel baile demostrara que su espíritu de sacrificio, aquella especie de deseo entusiástico de hacer todo lo que quería Tomás, antes de que él lo dijera, no estuviera ni mucho menos necesariamente ligado a la personalidad de Tomás, sino a punto para responder a la llamada de cualquier otro hombre que encontrara en su lugar. Nada más fácil que imaginar que Teresa y su compañero eran amantes. ¡La facilidad con que podía evocarse aquella imagen le dolía! Se dio cuenta de que el cuerpo de Teresa, sin el menor inconveniente, era imaginable unido amorosamente a cualquier otro cuerpo masculino y le dio un ataque de malhumor. No reconoció que estaba celoso hasta muy entrada la noche, cuando regresaron a casa.
Aquellos celos absurdos, que no se referían más que a una posibilidad teórica, eran la prueba de que consideraba que su fidelidad era una condición imprescindible. ¿Cómo podía entonces reprocharle que ella tuviera celos de sus amantes, éstas sí absolutamente reales?
8
Durante el día, Teresa trataba (aunque con éxito sólo parcial) de creer en lo que decía Tomás y de estar alegre como lo había estado hasta entonces. Pero los celos domados durante el día se manifestaban con tanta mayor fiereza en sus sueños, que terminaban siempre en un lamento del que él tenía que despertarla.
Los sueños se repetían como variaciones sobre temas o como seriales de televisión. Con frecuencia se reiteraban, por ejemplo los sueños sobre gatas que le saltaban a la cara y le clavaban las uñas. Podemos encontrar una explicación bastante sencilla para esto: en el argot checo, gata es la denominación de una mujer guapa. Teresa se sentía amenazada por las mujeres, por todas las mujeres. Todas las mujeres eran amantes en potencia de Tomás y ella les tenía miedo.
En otro ciclo de sueños, la enviaban a la muerte. Una vez, en medio de la noche, él la despertó cuando gritaba aterrorizada y ella le contó: «Había una gran piscina cubierta. Seríamos unas veinte. Todas mujeres. Todas estábamos desnudas y teníamos que marchar alrededor de la piscina. Del techo colgaba un cesto y dentro de él había un hombre de pie. Llevaba un sombrero de ala ancha que dejaba en sombras su cara, pero yo sabía que eras tú. Nos dabas órdenes. Gritabas. Mientras marchábamos teníamos que cantar y hacer flexiones. Cuando alguna hacía mal la flexión, tú le disparabas con una pistola y ella caía muerta a la piscina. Y en ese momento todas empezaban a reírse y a cantar en voz aún más alta. Tú no nos quitabas los ojos de encima y, cuando alguna volvía a hacer algo mal, le disparabas. La piscina estaba llena de cadáveres que flotaban justo debajo de la superficie del agua. ¡Y yo me daba cuenta de que ya no tenía fuerza para hacer la siguiente flexión y de que me ibas a matar!».
El tercer ciclo de sueños se refería a ella ya muerta.
Yacía en un coche fúnebre grande como un camión de mudanzas. A su lado no había más que mujeres muertas. Había tantas que las puertas tenían que quedar abiertas y las piernas de algunas sobresalían.
Teresa gritaba: «¡Si yo no estoy muerta! ¡Si lo siento todo!».
«Nosotras también lo sentimos todo», reían los cadáveres.
Reían exactamente con la misma risa que aquellas mujeres vivas que alguna vez le habían dicho con satisfacción que era del todo normal que ella tuviera un día los dientes estropeados, los ovarios enfermos y arrugas en la cara, porque ellas también tenían los dientes estropeados, los ovarios enfermos y arrugas en la cara. ¡Con la misma risa ahora le explicaban que estaba muerta y que así es cómo tenía que ser!
De pronto sintió ganas de hacer pis. Gritó: «¡Pero si tengo ganas de hacer pis! ¡Eso prueba que no estoy muerta!».
Y ellas volvieron a reírse: «¡Es normal que tengas ganas de hacer pis! Todas esas sensaciones permanecerán durante mucho tiempo. Es como cuando a alguien le amputan una mano y sigue sintiéndola mucho después. Nosotras ya no tenemos orina y sin embargo siempre tenemos ganas de hacer pis».
Teresa se abrazó en la cama a Tomás: «¡Y todas me tuteaban, como si me conocieran de toda la vida, como si fueran amigas mías y yo sentía pánico de tener que quedarme con ellas para siempre!».
9
Todos los idiomas derivados del latín forman la palabra «compasión» con el prefijo «com-» y la palabra pas-sio que significaba originalmente «padecimiento» Esta palabra se traduce a otros idiomas, por ejemplo al checo, al polaco, al alemán, al sueco, mediante un sustantivo compuesto de un prefijo del mismo significado, seguido de la palabra «sentimiento»; en checo: sou-cit; en polaco: wspól-czucie; en alemán: Mit-gefühl; en sueco: med-kánsla.
En los idiomas derivados del latín, la palabra «compasión» significa: no podemos mirar impertérritos el sufrimiento del otro; o: participamos de los sentimientos de aquel que sufre. En otra palabra, en la francesa pitié (en la inglesa pity, en la italiana pieta, etc.), que tiene aproximadamente el mismo significado, se nota incluso cierta indulgencia hacia aquel que sufre. Avoir de la pifié pour une femme significa que nuestra situación es mejor que la de la mujer, que nos inclinamos hacia ella, que nos rebajamos.
Este es el motivo por el cual la palabra «compasión» o «piedad» produce desconfianza; parece que se refiere a un sentimiento malo, secundario, que no tiene mucho en común con el amor. Querer a alguien por compasión significa no quererlo de verdad.
En los idiomas que no forman la palabra «compasión» a partir de la raíz del «padecimiento» (passio), sino del sustantivo «sentimiento», estas palabras se utilizan aproximadamente en el mismo sentido, sin embargo es imposible afirmar que se refieran a un sentimiento secundario, malo. El secreto poder de su etimología ilumina la palabra con otra luz y le da un significado más amplio: tener compasión significa saber vivir con otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor. Esta compasión (en el sentido de jvspó/czucie, Mitgefübl, madkansld] significa también la máxima capacidad de imaginación sensible, el arte de la telepatía sensible; es en la jerarquía de los sentimientos el sentimiento más elevado.
Cuando Teresa soñó que se clavaba agujas entre las uñas, reveló así que había espiado en los cajones de Tomás. Si se lo hubiera hecho alguna otra mujer, no hubiera vuelto a hablar con ella en la vida. Teresa lo sabía y por eso le dijo: «¡Entonces, échame!». Pero no sólo no la echó, sino que le cogió la mano y le besó las yemas de los dedos, porque en ese momento él mismo sentía el dolor debajo de las uñas de ella, como si los nervios de sus dedos condujeran directamente a la corteza cerebral de él. Un hombre que no goce del diabólico regalo denominado compasión no puede hacer otra cosa que condenar lo que hizo Teresa, porque la vida privada del otro es sagrada y los cajones que contienen su correspondencia íntima no se abren. Pero como la compasión se había convertido en el sino (o la maldición) de Tomás, le pareció que había sido él mismo quien había estado arrodillado ante el cajón abierto del escritorio, sin poder separar los ojos de las frases que había escrito Sabina. Comprendía a Teresa y no sólo era incapaz de enfadarse con ella, sino que la quería aún más.
10
Los gestos de Teresa se volvían cada vez más bruscos y alterados. Habían pasado dos años desde que descubrió sus infidelidades y la situación era cada vez peor. No tenía salida.
¿Es que realmente no podía abandonar sus amistades eróticas? No podía. Eso le hubiera destrozado. No tenía fuerzas suficientes para dominar su apetito por las demás mujeres. Además le parecía innecesario. Nadie sabía mejor que él que sus aventuras no amenazaban para nada a Teresa. ¿Por qué iba a prescindir de ellas? Le parecía igualmente absurdo que pretender renunciar a ir al fútbol.
¿Pero podía aún hablarse de satisfacción? En el mismo momento en que salía a ver a alguna de sus amantes, notaba una sensación de rechazo hacia ella y se prometía que era la última vez que iría a verla.
Tenía ante sí la imagen de Teresa y para no pensar en ella necesitaba emborracharse rápidamente. ¡Desde que conocía a Teresa era incapaz de hacer el amor con otras mujeres sin alcohol! Pero precisamente el aliento que sabía a alcohol era la huella que le permitía a Teresa comprobar con mayor facilidad sus infidelidades.
Había caído en la trampa: en cuanto iba tras ellas, desaparecían sus apetencias, pero bastaba un día sin ellas para que marcara algún número de teléfono y fijara un encuentro.
Con Sabina se sentía un poco mejor, porque sabía que era discreta y que no había peligro de que lo pusiera en evidencia. Su estudio le daba la bienvenida como un recuerdo de su vida pasada, la idílica vida de un hombre soltero.
Quién sabe si él mismo se daba cuenta de cuánto había cambiado: tenía miedo de llegar tarde a casa porque allí le esperaba Teresa. En cierta ocasión, Sabina advirtió que Tomás observaba el reloj mientras hacían e l amor y trataba de acelerar su culminación.
Ella se dedicó entonces a pasearse lentamente por el estudio y se detuvo ante un cuadro que estaba sin terminar en el caballete mirando de reojo a Tomás que se vestía apresuradamente.
Ya estaba vestido, sólo tenía un pie descalzo. Echó una mirada a su alrededor y se puso a gatas, buscando algo debajo de la mesa.
Ella le dijo: «Cuando te miro, tengo la sensación de que te estás convirtiendo en el eterno tema de mis cuadros. El encuentro entre dos mundos. La doble exposición. Tras la silueta de Tomás el libertino reluce la increíble figura del enamorado romántico. O al revés: a través de la figura del Tristán que no piensa más que en su Teresa se vislumbra el hermoso mundo traicionado por el libertino».
Tomás se puso de pie; oía las palabras de Sabina sin prestarles atención.
— ¿Qué estás buscando? —le preguntó.
—Un calcetín.
Registraron juntos la habitación y él volvió a ponerse a gatas y a buscar debajo de la mesa.
—Aquí no hay ningún calcetín tuyo —dijo Sabina-. Seguro que no lo has traído.
—Cómo no lo iba a traer —gritó Tomás mirando el reloj—. ¡No iba a venir con un solo calcetín!
—Es una posibilidad que no hay que descartar. Últimamente andas muy distraído. Siempre vas con prisa, mirando el reloj y no es de extrañar que te olvides de ponerte un calcetín.
Estaba ya decidido a ponerse el zapato sin calcetín.
—Afuera hace frío —dijo Sabina—. Te presto una media mía.
Le dio una media larga blanca, de ganchillo.
El sabía perfectamente que aquélla era una venganza por haber mirado el reloj mientras hacían el amor. Sabina había escondido su calcetín en alguna parte. Hacía frío de verdad y no le quedaba más remedio que aceptarla. Se fue a su casa con un calcetín en un pie y una media blanca de mujer en el otro, arremangada sobre el tobillo.
Su situación no tenía salida: para sus amantes estaba marcado con la oprobiosa señal de su amor a Teresa y, para Teresa, con la oprobiosa señal de sus aventuras con sus amantes.
11
Para mitigar sus sufrimientos se casó con ella (por fin pudieron dejar el piso de alquiler en el que hacía tiempo ella ya no vivía) y le consiguió un cachorro.
La madre era una San Bernardo de un compañero suyo. El padre de los cachorros, el pastor alemán de los vecinos. Nadie quería a los pequeños bastardos y a su compañero le daba pena sacrificarlos.
Tomás elegía uno de los cachorros a sabiendas de que los que no eligiera iban a tener que morir. Se sentía como un presidente de la república cuando tiene ante sí a cuatro condenados a muerte y sólo puede indultar a uno. Al fin eligió un cachorro, una perrita cuyo cuerpo parecía recordar al del pastor mientras que la cabeza era la de la madre,
Se pusieron a buscarle un nombre. Tomás quería que por el nombre se supiera que el perro era de Teresa y se acordó del libro que llevaba bajo el brazo cuando llegó a Praga sin avisar. Propuso que al cachorro lo llamaran Tolstoi.
—No puede llamarse Tolstoi —replicó Teresa— porque es una señorita. Podría ser Ana Karenina.
—No puede ser Ana Karenina, porque ninguna mujer puede tener un morro tan chistoso como éste — dijo Tomás—. Se parece más bien a Karenin. Sí, el señor Karenin. Así es como me lo imaginaba.
— ¿Pero no afectará a su sexualidad que la llamemos Karenin?
—Es posible que una perra a la que sus amos llaman permanentemente como a un perro desarrolle tendencias lesbianas.
Las palabras de Tomás se hicieron realidad de un modo curioso. A pesar de que habitualmente las perras tienen más apego a sus amos que a sus amas, en el caso de Karenin era al revés. Decidió enamorarse de Teresa. Tomás le estaba agradecido. Le acariciaba la cabeza y le decía: «Haces bien Karenin. Esto es precisamente lo que yo quería de ti. Si yo solo no basto, tú tienes que ayudarme».
Pero ni aún con la ayuda de Karenin logró hacerla feliz. Se dio cuenta de ello aproximadamente al décimo día en que su país fuera ocupado por los tanques rusos. Era el mes de agosto de 1968 y a Tomás le llamaba todos los días por teléfono el director del hospital de Zurich con el que se habían hecho amigos en alguna conferencia internacional. Temía por lo que le pudiera pasar y le ofrecía un puesto de trabajo.
domingo, noviembre 29, 2009
Ac/Dc Black Ice World Tour 2009
01. Rock n' roll train
02. Hell ain't a bad place to be
03. Back in black
04. Big jack
05. Dirty deeds done dirt cheap
06. Shot down in flames
07. Thunderstruck
08. Black ice
09. The jack
10. Hells bells
11. Shoot to thrill
12. War machine
13. Dog eat dog
14. You shook me all night long
15. T.N.T.
16. Whole lotta rosie
17. Let there be rock (angus young solo)
18. Highway to hell
19. For those about to rock (we salute you)
Un fuentes total, Carlos Fuentes, Adán en Eden
"Un Fuentes total
Una de las principales virtudes de esta novela del longevo escritor mexicano es lo que podría llamarse, paradójicamente, su juventud. Adán en Edén , en efecto, parece aproximarse a esas obras inaugurales -adánicas- en las cuales el género todavía no había adquirido sus perfiles más nítidos y, por lo mismo, no operaban con rigidez las restricciones que señalan lo que debe quedar fuera y lo que incluye una novela. Así, aquí el lector podrá encontrar perorata, confesión, ensayo, noticia, crónica, chisme, bolero, delirio, panfleto y, simultáneamente, se desplazará, de la mano de un narrador travieso y zigzagueante, desde un tono grotesco y picaresco (que predomina) a otro más tenebroso y grave para llegar a uno mágico y surrealista. Si le creemos al principio (que el mismo autor formulara) de que la novela es el "basurero" de la literatura, aquí está llevado a cabo en plenitud y sin complejos. Ahora bien, la libertad que Carlos Fuentes exhibe es sólo aparente, porque se trata de una obra muy bien estructurada, que no deja hilos sin atar y en la que esa diversidad de elementos surge no de una espontaneidad ingenua, sino que desde una tradición en la que se perciben homenajes claros a Rabelais, Cervantes y, quizás, a Sterne: los padres fundadores. Esta novela proteica, que se va metamorfoseando a medida que se leen sus páginas, despliega las potencialidades originales del género y, en ese sentido, podría ser considerada lo que Milan Kundera (precisamente en una carta dirigida a Carlos Fuentes) llamó una "archinovela".
De ese modo, reducir Adán en Edén a la historia del enfrentamiento encarnizado entre el protagonista (Gorozpe), un acaudalado abogado y empresario, y su tocayo (Adán Góngora), el despiadado y brutal jefe de la seguridad nacional, no da cuenta de la novela. Esa rivalidad, que tiene dimensiones personales al alcanzar, por así decirlo, hasta la alcoba matrimonial de Gorozpe, le permite a Fuentes poner en escena la violencia, la corrupción y en narcotráfico de su país.
El mayor logro de esta obra es, no obstante, la construcción del personaje y narrador central, Adán Gorozpe. En este sentido, fiel a aquellos modelos fundadores del género mencionados más arriba, el clímax de Adán en Edén no está ubicado en la historia, en la trama del relato, sino que en la presentación completa de este personaje pantagruélico y su mundo.
Gorozpe es, ante todo, un arribista ilustrado, un sujeto de orígenes poco claros, que ha dado el "braguetazo", es decir, contrajo matrimonio con una mujer rica, Priscila Holguín (Reina de la primavera y de otras cosas más), hija del Rey del Bizcocho, don Celestino Holguín, afortunado panadero. "Priscila era apenas lo que se llama 'bonitilla', dice el narrador. Su carita redonda era redimida por el brillo de los ojillos inocentes, la limpieza colgática de la dentadura, los hoyuelos de la mejilla, sus ricitos Shirley Temple, la diminuta nariz que no reclamaba urgencias quirúrgicas. Era lo que entre nosotros se llama "una monada"; no una belleza llamativa a lo Dolores del Río o María Félix pero tampoco fea como tantas mujeres chaparras, prietas, gordas, redundantes, seriamente buenas o perversamente malas, desprovistas de la grande y rara perfección de las mestizas arriba mencionadas y destinadas a ser novias (de jóvenes) y, con suerte, tolerables matriarcas (de viejas). Las canas ennoblecen". La descripción del mundo de Gorozpe, con agilidad y ritmo "cantadito" en la frase, mundo dividido en tres zonas estancas: la doméstica (Priscila, Don Celestino y Abelardo, el hijo artista), la oficina ("mi santuario, inviolable por definición, sagrado por vocación") y el nido de amor, donde Gorozpe mantiene la única relación auténtica con la misteriosa "Ele", es graciosa y llena de aciertos en la prosa. Esa presentación, divertida y aguda, toma casi la mitad de la novela y es en ella donde la obra avanza vigorosa, chispeante y reveladora.
El enfrentamiento con el pérfido Adán Góngora ("un hombrecillo gordo y chaparro con cara de jamón cocido y peinado de prestado cubriéndole la calva") se desmadra hacia otros derroteros en que el humor y la perspicacia no logran el mismo nivel.
Adán en Edén , a diferencia de lo profesado por su autor, no es una novela de final abierto, sino que bien atado: casi a la manera de un Eurípides mexicano, con varios deux ex machina juntos: el descenso de un Niño Santo en plena Insurgentes; los cometas ominosos; la arremetida, wagneriana, a sangre y fuego de los "Sigfridos", un brigada teutona continuadora de la Gestapo y de la Stasi, reclutada por Gorozpe y, por cierto, la develación de su más íntimo secreto.
Adán en Edén es una comedia negra en que un sentido del humor, de pura estirpe mexicana, va velando y mezclando la violencia y el narcotráfico -en un estilo muy nuestro- con la chapucería, la ficción y la mera torpeza."
miércoles, noviembre 25, 2009
Los sorprendentes hallazgos de la Universidad de Princeton
Una mañana en Nueva York, el más joven (Paul), le propone a Edward apostar al juego del cara/sello. Teniendo ambos una pasión por ejercitar la relación riesgo-retorno, deciden apostar 100 dólares en cada lanzamiento de moneda. La condición que se pusieron los apostadores era que debían decidir, para todas las apuestas, “cara” o “sello”, decisión que no podían cambiar en el transcurso de la sesión de apuestas.
Decidieron lanzar la moneda 100 veces en bloques sucesivos de 10. Paul apostó “cara” y Edward “sello”. En el primer bloque de 10 lanzamientos, 9 de ellos salieron “cara” y Edward pierde 800 dólares. Este último, con cierta desconfianza, le pide a Paul que utilice otra moneda. Vuelven a repetir el ejercicio, Paul obtiene otras 9 caras y nuevamente gana 800 dólares. En la tercera oportunidad, Edward decide utilizar una moneda propia con la que terminaron las 100 apuestas. Muy extrañamente, el patrón 9 caras / 1 sello se repitió durante los 10 bloques y Paul ganó 8.000 dólares en un negocio de valor esperado cero.
La esencia de esta historia se basa en un hecho real ocurrido el 11 de septiembre del año 2001, entre el minuto 30 antes que el primer avión impactara una de las torres gemelas en Nueva York y el desplome de la torre sur. Durante un lapso de tiempo superior a las 48 horas, el azar dejó de serlo. En lugar de salir más o menos 50 caras y 50 sellos en el ejercicio de lanzar 100 veces una moneda, 75 computadores ubicados en mas de 40 países alrededor del mundo -incluido Chile- y que desde 1998 han estado generando miles de números aleatorios por segundo (sólo ceros y unos, equivalente a lanzar una moneda), se “volvieron locos” y empezaron a registrar cerca de 90% ceros y apenas 10% unos.
Esta investigación que forma parte del Proyecto de Conciencia Global que lidera el profesor Radin en la Universidad de Princeton estaría confirmando la relación entre conciencia o mente global y materia.
Lo curioso de este fenómeno es que los computadores comenzaron a hacer “tilt” dos horas antes de que el primer avión impactara la torre norte y se “normalizaron” 48 horas después de los atentados.
Pareciera, entonces, que la pura “intención” de un reducido grupo de personas decidido a hacer “algo grande” bastaría para alterar el futuro de la gente, de las organizaciones y de la humanidad entera.
Lo anterior, se complementa con cientos de investigaciones donde personas “concentradas”, expuestas a maquinas generadoras de números aleatorios (0 y 1) tienden a obtener más ceros o unos dependiendo de cual haya sido su preferencia en la concentración.
Pareciera, entonces, que la intención y la cantidad de personas que estén atendiendo un fenómeno, fueran elementos que habría que tener muy en cuenta a la hora de definir y comunicar la visión y la estrategia de una persona, de una empresa o de un país.
El solo hecho que todas y cada una de las personas miembros de un grupo tengan muy claro hacia dónde se dirigen y cómo lo harán para llegar allá, afecta el futuro deseado, haciéndolo significativamente más probable.
Ray Loriga: días aún más extraños
martes, noviembre 24, 2009
El desprecio del narcisista
Las personas narcisistas viven encerradas y encandiladas en sí mismas. Los demás, por muy cercanos que sean, pasan a ser parte de ellos, despojados de su ser personal. Con la descripción de los narcisistas, el psiquiatra León Cohen termina su ciclo dedicado a algunas formas de ser de las personas.
Lo peor es el desprecio. Se puede sentir en las calles, detrás de los anteojos de marca o desde adentro de los autos presuntuosos o en la fría desconsideración en las oficinas públicas; también en la siniestra colusión de los seres importantes frente al ciudadano común; en la desenfadada grosería de algunos medios de comunicación; en el cinismo desatado y circense de algunos políticos; en el abuso cotidiano de algunos hombres con sus mujeres y con sus niños; en la corrupción sinvergüenza.
¿Qué puede llevar a que en el escenario del "yo" se despliegue un funcionamiento voraz, en extremo egoísta, incapaz de reconocer la existencia de una persona humana en la "realidad externa"? ¿Qué impide a estas personas tener la consideración y empatía que son propias de alguien que ha logrado la capacidad de amar?
Este hecho, profundamente simbolizado en el mito de Nosferatu, el vampiro, describe la tragedia del narcisismo patológico.
Este narcisismo es emblema, en sus más diversas formas e intensidades, de un modo eterno de apropiarse de la energía de la vida tanto del propio sujeto como de la de los demás. Hay sujetos que, aunque libres de grandes traumas o sufrimientos aparentes, están poseídos por un narcisismo tal, que los lleva a apoderarse, despreciar, degradar, movidos por una envidia cuya malignidad sólo tiene como final la eliminación de todo rastro de la existencia del otro.
El hombre narcisista, por ejemplo, elige a aquella mujer que por su belleza, dinero, talento u origen sea alimento para su propio yo. Como Nosferatu, una vez seducida a través del engañoso enamoramiento, dejará caer sus dientes para extraer de ella todos esos bienes y apropiarse de ellos. Entonces veremos marchitarse a esa mujer. A poco andar, ésta deja de ser un objeto conveniente para ese "yo" grandioso. Se transforma entonces en una compañía "aburrida" o "fea" o "pobre" o "tonta" que ya no es útil para "apasionarlo". Entonces, de diversas formas, es abandonada para ser sustituida.
Nada más peligroso para estos sujetos que llegar a comprender la realidad y tomar conciencia de que han vivido en la falsedad y en el vacío, de que creían vivir en la pasión y que en realidad no sienten nada, de que eran compasivos y que en realidad la explotación era el propósito. Cuando alguien llega a mostrarles esto, el odio que estalla en ellos se expresa en una indignación incontenible.
Este lamentable narcisismo podemos encontrarlo en variadas formas de manifestarse y con diversas intensidades, desde las que anidan en delincuentes psicópatas hasta las que campean en la vida cotidiana de muchos de nosotros, en nuestros hogares y trabajos, y también entre nuestros líderes políticos, intelectuales, deportivos, militares o religiosos.
No(s) habíamos amado tanto
Apenas Cristina vio a Emilio, se enamoró de él, de inmediato. Sentada en un café del mall, junto a unas amigas, lo vio acercarse, atlético y erguido en sus elegantes pantalones estilo casual. Cristina era una joven rubia, alegre y vital. Estudiosa, había logrado egresar de ingeniería comercial de una universidad que había cerca de su casa. Emilio también había estudiado comercial y venía llegando de un posgrado que lo había tenido varios años en el país del norte. A los dos años se casaron y ambos trabajaban bien, en empresas diferentes, a unas pocas cuadras de distancia. Habían pensado en tener un hijo, pero por ahora pensaban en una casa que diseñaban en las afueras de Santiago. Entretanto arrendaban un departamento con vista al valle oriente de la ciudad. Allí se encontraban a eso de las nueve a comer, un día de semana cualquiera, como hoy.
Hola, le dijo Cristina a Emilio al verlo entrar al dormitorio. Emilio, concentrado en dejar su notebook sobre la mesita, le respondió luego de algunos segundos. Hola, ya llegaste, ¿saliste más temprano?, le preguntó. No, respondió extrañada Cristina, creo que había menos taco hoy. Ya, dijo Emilio, en un tono sutilmente irónico que le era característico y que irritaba a Cristina. Pero estaba cansada y no era el momento de llamarle la atención nuevamente sobre eso. ¿Vamos a comer, te parece?, le dijo, ante lo cual él insistió en el mismo tono: espérate un poco, no ves que acabo de llegar y que he tenido mucho trabajo. Una tensión se le atravesó a Cristina por la guata. Como en otras ocasiones, sintió en ese momento que se iba para adentro y se quedaba con pocas ganas, sin ideas, sin palabras, callada, sentada en el comedor, sola.
Emilio llegó al poco rato contándole que finalmente había logrado el contrato que venía negociando hacía semanas. En los siguientes diez minutos se dedicó a detallarle a Cristina cada evento de la negociación, cada reunión, lo que le dijo y lo que le ocultó al comprador, un tipo duro en los negocios, hasta finalmente convencerlo y sacarle la firma.
Cristina estaba acostumbrada a estas evacuaciones triunfales de Emilio, las que hacía habitualmente en la mesa ya que en la cama Emilio se entregaba a un zapping frenético y silencioso como terapia de relajación. A esta altura del matrimonio, sólo dos años, Cristina ya había logrado la capacidad de oír sin escucharlo. Había aprendido algunos trucos, como ¿y qué te respondió? o ¡súper bien! y otras variaciones que servían de puntuación ilusoria al monólogo de Emilio.
Cristina sentía que una sibilina intoxicación se iba adueñando de su cuerpo, un cansancio generalizado, lleno de pequeños dolores que se dejaban sentir aún en los pequeños movimientos que hacía al acomodarse en la silla. Fibromialgia, había escuchado esa palabra a unas amigas y una vez la había leído en una revista. Decían que podía ser por estrés, algo emocional, sí, podía ser, pensaba Cristina, atrapada en una coraza muscular atravesada por alfileres mientras seguía congelada en la silla del comedor, tragando una ensalada cuyo sabor no lograba discriminar.
En efecto, no llevaban mucho tiempo casados y Cristina sentía que habían pasado años; se sentía avejentada, con menos ánimo e incluso con algunas arrugas nuevas que Emilio, con esa vista de microscopio que tiene, se había encargado de señalarle hace algún tiempo. Él, sin embargo, parecía cada vez más triunfador. En verdad le iba muy bien. En este país de fracasados hay que aprovechar las oportunidades y sacar ventaja rápido, repetía Emilio. Y de hecho, a pesar de su juventud, ya jugaba golf con el presidente del directorio, aprovechando la acción del club que tenía el padre de Cristina.
De repente sintió una voz fuerte que la llamaba ¡Cristina! ¿Oye, no me estabas escuchando?, le preguntó con molestia y con ese gesto de desagrado en la cara como si estuviera con alguien repugnante. No, le respondió Cristina, es que me cansé, me duele el cuerpo, no sé, quizás me estoy resfriando. Ya, pero te das cuenta de lo que te estoy contando, lo que venía esperando hace tiempo, un poquito de interés es lo único que te pido, nada más, no te pido que hagas el esfuerzo de pensar en algo, sólo un poco de atención, ya, pero está bien, estás resfriada, bien, okey, tienes que cuidarte más, parece que están pasando los años, terminó diciendo sin darle oportunidad de decir nada, atorada, descompuesta, impotente.
Se levantó en medio de pinchazos, y como si tuviera el doble de su peso, se fue a paso lento al baño de visitas. No sabía qué sentir ni que pensar, rabia, odio, amargura, angustia, claustrofobia, ganas de salir arrancando, temor a la soledad, en medio de esta turbulencia no lograba armar ningún pensamiento, nada que aliviara este dolor. Sentada ahí dentro, a puerta cerrada, tomaba una pequeña tijera de uñas y presionaba la piel de sus muslos con ella, como una forma de distraerse, de sentir un dolor objetivo, de reconocer al enemigo, de controlar al torturador y al torturado. Se cuidaba de no sangrar, de no dejar huellas, no quería que nadie supiera, ni siquiera ella misma, más tarde, en la mañana, ya en su papel de ejecutiva exitosa.
Al rato después fue a acostarse en la cama enorme que coronaba la suite. Emilio se había detenido en un programa político. Cristina se sintió morir. Sabía lo que le esperaba. Una nueva evacuación, esta vez de lecciones acerca de cómo gobernar el país, de lo mediocre de la política y de lo ordinario que es todo en este país, esa palabra ordinario, la repetía una y otra vez. Saturada, Cristina le interrumpió. Emilio, tú crees que toda esa gente es estúpida, mediocre, ordinaria, que todos son unos rotos. Ese cliente, ese empresario millonario al que le acabas de hacer firmar un tremendo contrato, no estuviste con él por meses, comiendo, yendo al club, no es él uno de los que apoyan al gobierno, ¿ése es uno de tus rotos?
Vaya, le respondió Emilio, no te conocía esa veta social, no me vas a decir que te estás poniendo comunista, o quizás te volvió esa onda pastoral que tenías en el colegio. Si te vas a poner a pensar, ubícate mejor, y ten cuidado con esas opiniones en el trabajo, igual te pueden marcar aunque seas rubiecita y con apellido altisonante.
Cristina sintió que podía haberle cruzado una cachetada o haber vomitado sobre el pijama neoyorquino de su esposo.
Pero como siempre, la angustia de desesperarse de rabia la aterrorizó y se quedó callada, con esa violencia rompiéndole los muslos, las piernas, el cuello, la cabeza, en la forma de una jaqueca torturante, como si una tijera estuviera clavándole el cerebro.
Se dio media vuelta y trató de dormir. Al rato se levantó y fue al baño. En un cajón ocultaba unas pastillas de ravotril que una amiga le había regalado. Sabía que si Emilio se enteraba se iba a indignar. Emilio odiaba todo lo relacionado con psiquiatras, psicólogos, remedios. Para él no había nada que no pudiera resolverlo uno, con la propia voluntad. En silencio partió un comprimido y se lo tomó, esperando un alivio, una relajación que le permitiera dormir. Tiró la cadena, simulando, y se volvió a la cama. Se alivió, Emilio había apagado la luz. Se metió silenciosamente entre las sábanas hasta que sintió ese contacto que la desesperó. La mano de Emilio se había instalado en uno de sus pechos como quien trata de apretar el botón de partida de una maquinaria. Fría, lejos de allí, sin deseos ni siquiera de decir que no, lo dejó hacer sin complicidad ni ternura algunas. Esperó que todo terminara con la esperanza de que, como era habitual, no durara mucho. Finalmente terminó y se dio vuelta. Cristina se quedó un buen rato con los ojos ampliamente abiertos detrás de los párpados cerrados. Entonces se quedó dormida.
viernes, noviembre 20, 2009
Posible Setlist Gustavo Cerati Santiago
SET LIST
01. Fuerza Natural
02. Magia
03. Deja Vu
04. Desastre
05. Rapto
06. Amor sin Rodeos
07. Traccion a Sangre
08. Cactus
09. Naturaleza Muerta
10. Domino
11. Sal
12. Convoy
13. He Visto a Lucy
ENCORE
14. Zona de Promesas
15. Pulsar
16. Te Llevo Para Que Me Lleves
17. A Merced
18. Marea de Venus
19. Crimen
20. Paseo Inmoral
21. Cosas imposibles
22. La Excepción
23. Adios
ENCORE
24. Puente
25. Lago en el Cielo
26. Numeral #
Semanas musicales
Siguiendo con Héroes de Ray Loriga
¿Y ahora cómo te encuentras?
Bien, quiero decir, mal."
miércoles, noviembre 18, 2009
Nombres Impropios
No se puede afirmar
que me engañaba cuando me mentía.
se llamaba Osadía
y desde el primer día
tuvo la cobardía de avisar.
Quien tiene siete vidas
y dos ojos de gata callejera
no se va con cualquiera.
De su noche se espera
un broche de promesas incumplidas.
Mejor no equivocarse
no me pidas jamás lo que no doy
ya sabes cómo soy y si quieres me voy
dijo cuando acabo de desnudarse.
Ya ves
llegar a fin de mes
no era con ella asunto de dinero
se trataba más bien de merecer
un tren de pasajeros,
el tsunami de un mar hecho mujer
dispuesto en cada ola a renacer.
Se llamaba Herejía
cómo voy a saber
si me engañaba cuando me mentía.
Maestra en confundir
al diablo y al rey de los altares,
me citaba en los bares
con fuegos malabares
y luego se olvidaba de acudir.
La mañana y la tarde,
qué vaivén entre alarde y agonía,
todo lo confundía
su swing, porque sabía
mirar como un crepúsculo que arde.
Callada por respuesta
cuando jugué al dolor de corazón.
Su boca era un buzón de voz sin
compasión
dormido hasta la hora de la siesta.
Ya ves,
llegar a fin de mes
no era con ella asunto de intendencia.
se trataba más bien de comprender
la pura impertinencia
del sol cuando se cansa de asombrar,
del mostrador a la hora de cerrar.
Se llamaba ironía
y no puedo jurar
que me engañaba cuando me mentía.
Ya ves,
llegar a fin de mes
no era firmar un parte de sucesos,
se trataba más bien de envejecer
huérfano de sus besos
con fantasmas que aprenden a
crecer,
abrazos que se mueren por volver,
Se llamaba utopía,
me gusta imaginar
que me engañó cuando se despedía.
que me engañó cuando se despedía
martes, noviembre 17, 2009
Gravedad
Ser depresivo
Nuestra percepción y conductas son alimentadas permanentemente por la moral, los valores, todo aquello que guía nuestro deber ser. En un país como Chile, donde el trabajo es vivido como un "sacrificio" al psiquiatra León Cohen no le extraña que haya un aumento de las personalidades depresivas. Aquí lo retrata a través de la historia de Renato, un abogado hiperresponsable.
En un mundo en que ser feliz es una obligación, los sentimientos depresivos son un estigma. Es de mal gusto enrarecer el ambiente compartiendo sensaciones tristes o pensamientos melancólicos. Es, incluso, molesto, pues algunos sienten a las personas depresivas como fuente de "malas vibraciones".
En nuestra cultura nacional es habitual manifestar una cierta fobia a la intimidad y aún más si se trata de la tristeza angustiosa. Esto lo saben las personas que sufren, por lo que tratan de ocultar sus sentimientos como si llevaran en su interior algo avergonzante que pudiera dejarlos mal situados entre sus compañeros de oficina o con sus jefes.
Chile no es un país trabajólico. En realidad, más bien, es un país donde muchas personas de las grandes ciudades viven sometidas a "trabajos forzados", perseguidas por la vigilancia culpógena de jefes frenéticos o de compañeros que no aceptan una tortura que no sea la misma para todos. Este "sacrificio" impuesto es la justificación para el desencuentro nocturno entre las parejas; para la soledad de los niños frente al televisor; para la masiva irrupción de la angustia depresiva; del cansancio lleno de irritación; para las alergias de todo tipo asociadas a un ánimo desencantado; para los insomnios generalizados; en definitiva, para la dieta benzodiazepínica y antidepresiva en la que se colude un enorme porcentaje de ciudadanos de este esperanzado país que cuelga del fin del mundo.
La moral, los valores, todo aquello que guía nuestro deber ser es un mundo de emociones, sentimientos, fantasías que palpitan en nuestra memoria y alimentan nuestro yo impregnando y orientando nuestra percepción y nuestra conducta, permanentemente.
Todas estas memorias son vivencias, sedimentos vivos y activos que provienen de nuestras sensaciones e identificaciones con aquello y aquellos que han sido vitales en nuestra vida desde que nacemos. Así como nos guían a amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos, espejo de cuanto nos han amado a nosotros, así también pueden convertirse en severos jueces, en patrones torturantes, en perseguidores inclaudicables, sumiéndonos en un oscuro, prolongado y silencioso dolor, vigilando con siniestra perseverancia nuestras pasiones y deseos, inhibiéndolos o castigándolos, amenazándonos con angustias terribles, con culpas inescapables, con responsabilidades eternas, o con enfermarnos sin que nos demos cuenta. Y todo esto por no hacer las cosas bien.
Debemos hacer las cosas bien
Renato siempre ha sido un tipo responsable. Egresó de un colegio católico con un promedio seis coma cinco y nunca tuvo atrasos ni problemas de conducta. Participaba en la pastoral y se comprometía en los trabajos de ayuda a la comunidad. Iba con algunos compañeros en las navidades a regalar comida y ropa a gente que vivía bajo los puentes. Era frecuente verlo conversando con amigos que tenían algún problema. Le gustaba escucharlos y darles consejos. En su hogar hacía lo mismo con sus hermanos y con su madre.
Cuando Renato tenía diez años, su padre, un modelo de esposo, hombre de fe y extremadamente correcto, se había ido de la casa de un día para otro. Un poco después, Renato se enteraba de que se había enamorado de otra mujer. Su madre, muy apegada a sus hijos y a su familia de origen, se desplomó dignamente. En poco tiempo se había marchitado. Mujer de pocas palabras, se había aislado aún más. Muy pudorosa, el miedo a que se supiera esto la había llevado a construir diversas historias para justificar el alejamiento de su esposo, sobre todo en el colegio donde temía que los demás apoderados del curso de Renato tomaran distancia, como si algún tipo de infección hubiese afectado a la familia.
También le angustiaba que los curas del colegio se enteraran y pusieran en cuestión la continuidad de su hijo en la institución. Por las noches, Renato la escuchaba llorar en el dormitorio, ahora sola. Renato la veía envejecer de un modo tal, que algo dentro de él se puso como empeño vital impedir que muriera. Así fue como se convirtió en el hijo más responsable, bueno, colaborador y amoroso. A sus doce años parecía un señor caballeroso y amable y era el único que lograba sacar una sonrisa a su tímida madre. Por supuesto, nunca un problema, ningún esbozo de rebeldía ni menos de rabia.
Habían pasado dos años desde el alejamiento del padre. Al principio, éste salía con sus hijos en una rutina de fines de semana en los que nada se hablaba. Cada vez que salía, Renato sentía una incomodidad en el pecho, como si algo le apretara el cuello y le impidiera respirar. Rápidamente se sentía cansado y le pedía a su padre que volvieran pronto a la casa. Al llegar trataba de ver a su madre de inmediato. Le bastaba con verla como si temiera que durante su ausencia ella fuera a morir. Pero nada de esto Renato lo tenía consciente, nada de esta preocupación constante que dominaba su estado de ánimo. Algo parecido le pasaba cuando volvía del colegio. Por lo mismo, durante su adolescencia evitó salir a fiestas o al viaje de estudios. Se había convertido en un acompañante escrupuloso y vigilante.
En una ocasión tuvo que hacer un viaje a la playa, a un centro de retiro del colegio. Era obligatorio. Una vez allí Renato comenzó a pasarlo bien. El buen Renato era estimado por sus compañeros y ellos lo invitaron a jugar a la pelota, aunque él no era muy aficionado a los deportes. Fue en esa ocasión, en medio de la improvisada cancha, que Renato sintió por primera vez esa sensación inminente de muerte, un dolor enorme en el pecho, junto con un mareo desesperante. Pálido, cayó al suelo entre sus compañeros. Se recuperó al poco rato, sin embargo quedó con una inquietud que antes no sentía, la sensación de que todo podía descontrolarse en cualquier momento y matarlo.
En el viaje de vuelta, como de la nada, cruzó por su mente la idea de que lo que le había pasado podía ser un castigo por dejar sola a su madre que tanto había hecho por él. Adherido a ese pensamiento sintió nuevamente el mareo, lo que lo aterrorizó. Temía que le ocurriera lo mismo de nuevo, ahora en el bus. Pensó en la cruz y en sus cuatro extremos, uno, dos, tres, cuatro y se tranquilizó. No quiso seguir pensando lo que logró fijándose en el camino y en el viaje veloz de los postes de luz hacia el lugar desde el que él venía.
Al salir del colegio, Renato entró a estudiar Derecho en la Católica. Renato era un hombre conservador, tradicional, muy estricto, en primer lugar consigo mismo. Compasivo con los demás, trataba de ser tolerante como expresión de su amor caritativo. De esta forma, buena parte de sus exigencias caían sobre sí mismo. Pasaba largas horas estudiando, incluso dejando de lado los descansos, cosa que le proporcionaba un cierto placer que le avergonzaba sentir y que no le contaba a nadie, pues sutilmente notaba que había algo morboso en ello, algo masoquista. Renato eludía, más bien, ignoraba las fuentes de placer adultas. Gozaba, sí, en dejarse llevar por ciertas fantasías románticas en las que se imaginaba amando a una mujer por toda la vida.
En la vida real era muy tímido. En verdad, Renato se había convertido en un hombre físicamente atractivo, parecido a su padre. Sin embargo, en su actitud había un candor que impedía sentir por él deseo y que sólo suscitaba ternura. Renato era, pues, un amigo preferido de varias mujeres de la escuela, las que le contaban sus problemas de amor y sus sufrimientos con los estudios. Renato las escuchaba con una vocación antigua y siempre estaba disponible para ellas. Por su parte, él nunca hablaba de sí mismo, y esas amigas tampoco se empeñaban mucho en saber más de él. Sus fines de semana eran solitarios, ocupados con los estudios en la casa de su madre. Así transcurría su vida. No era feliz, no era infeliz. Le iba bien, como siempre. Suponía que tampoco tendría problemas para encontrar trabajo con sus buenas notas. No era ambicioso y no le preocupaba el futuro. Tampoco le preocupaba lo que ocurriera.
A veces sentía que las cosas podían terminar de improviso y que no tendría mucho que perder. Incluso, en ocasiones en que se sentía un poco abrumado por sus propias exigencias, imaginaba que algo así lo liberaría de este ser apremiante que era él mismo. En todo caso, jamás haría algo contra sí mismo. Su fe se lo impedía y además lo sentía como una patética forma de eludir hacer lo que tenía que hacer.
Sus problemas surgieron con una compañera que puso sus ojos en él de otra forma. Muy pequeña, de carácter dominante, astuta y expresiva lo invitó a ir al cine ante la perplejidad de Renato. Fue tanta su sorpresa que no pudo negarse. Ese sábado, le comentó a su madre, que saldría al cine con unos amigos de la escuela. El sábado, a la hora de almuerzo la madre se sintió mal. Mareada, con dolor de cabeza tuvo que recostarse. Como esto se intensificó, Renato la llevó a la clínica. Desde uno de los pasillos llamó a su compañera para excusarse. La madre se recuperó pero su compañera, no. El día martes lo tomó de un brazo y lo llevó a un ciclo de cine que había en el campus. Luego fueron a una cafetería. La cabeza de Renato era un lío. Excitado por la atención y coquetería de su compañera hacia él, angustiado y culpable por sentirse bien, por lo que pudiera decir su madre, asustado pues temía que lo vieran con su amiga. Y así estuvo en la clandestinidad durante varios años. En ocasiones se despertaba con pesadillas en las que llegaban a detenerlo por un trámite que había olvidado hacer. Lo condenaban a la pena de muerte. Le parecía absurdo que lo condenaran por algo tan trivial, sin embargo despertaba transpirando de angustia. Para Renato era vital que había que hacer las cosas bien.
Puede resultar extraño decir que Renato tiene un modo de ser depresivo. Y es porque la palabra depresivo lleva el estigma de la enfermedad mental, ese estado anímico que a veces sin mediar ningún motivo aparente nos lleva a una angustia que nos despierta de madrugada en medio de un sentir oscuro y pesimista y que nos hace sentir un peso enorme al levantarnos, el peso de vivir el comienzo del día, las tareas, las relaciones, las preocupaciones, las exigencias, y que nos hace esperar con ansias el atardecer y el dormir. Renato no siente estas cosas, sin embargo buena parte de su vida ha tenido que cargar el peso de una enorme autoexigencia, de una sostenida hiperresponsabilidad.
Renato siente que debe hacer bien las cosas, caso contrario lo asalta la culpa, sutil o persecutoria, llevando a su conciencia temores frente al futuro, presuntos castigos, el miedo a enfermar o sencillamente una desazón inescapable. Por lo mismo, Renato es desmesuradamente bueno y extrañamente alejado de cualquier forma de agresión explícita.
Renato no está enfermo, pero en ocasiones su forma de ser lo hace sufrir e incluso llega a perturbar la vida de otros, como es el caso de su pareja clandestina. Un ejemplo decidor de esto es cuando Renato trabajaba en un estudio jurídico importante. Debido a su excelente desempeño, sus jefes decidieron entregarle la jefatura de un departamento de la oficina. Cualquiera se sentiría feliz con esto. Renato pasó semanas apesadumbrado, despertando en las noches angustiado. Es que este ascenso implicaba mayores responsabilidades y aunque intelectualmente era perfectamente capaz de responder, emocionalmente representaban una tortura por su escrupulosidad y perfeccionismo. Finalmente logró responder. El pago fue una úlcera que lo martirizó por años.
Es verdad, en Renato hay desmesura en esto. Pero por otro lado el sentimiento depresivo es el estado anímico más propicio para el amor. No confundir amor con enamoramiento, estado eufórico en que una persona se obsesiona con sus propias idealizaciones proyectadas en alguien ad hoc. En el amor es necesario tener la capacidad de tolerar la tristeza que significa conocer la realidad de uno mismo y de los demás, condición de la empatía y de la comprensión de la pareja. Si no toleramos las realidades que vamos conociendo de la pareja es que estamos dominados por la incapacidad narcisística de vivir la tristeza, limitación característica de los vampiros que sólo aspiran a un eterno enamoramiento y a una permanente felicidad a costa de la sangre de los demás.
lunes, noviembre 16, 2009
Script For A Jester's Tear
GUIÓN PARA EL LLANTO DE UN BUFÓN
Y aquí estoy una vez más,
En el patio de juegos de los corazones destrozados.
Una experiencia más,
Un apunte más en mi diario personal,
Otro suicidio emocional
Por sobredosis de orgullo y sentimiento,
Es muy tarde para decir te amo,
Es muy tarde para reponer la obra,
Abandono las reliquias en mi patio de recreo del ayer.
Pierdo en los columpios, en el carrusel,
Demasiado pronto, demasiado lejos, para ir;
Demasiado tarde para juegos, el juego terminó.
Es muy tarde para decir te amo,
Es muy tarde para reponer la obra,
El juego acabó.
Actúo mi papel al clásico estilo del mártir,
Con una mueca esculpida en el rostro,
Para hacer sangrar la letra de esta canción,
Para escribir los ritos que enmienden mis fallas,
El epitafio de un sueño roto,
Para exorcizar este grito en silencio,
Un grito que nace del dolor.
Nunca escribí esa canción de amor,
Las palabras nunca parecían fluir.
Ahora triste y pensativo,
? Miré a través de la perfección
Y examino las sombras al otro lado del día,
Al otro lado del luto?
La boda prometida se volvió duelo.
El tonto escapó del paraíso,
Al mirar por encima de su hombro, llorará,
Se sentará a masticar narcisos y
Se esforzará por contestar ?porqué?
Mientras tú crecías y dejabas el patio de juegos,
Donde besaste a tu príncipe
Y encontraste a tu sapo,
Recuerda al bufón que te hizo ver sus lágrimas,
El guión de las lágrimas.
Y me quedaré solo para siempre
Cuando vistas tu vestido de novia.
En el silencio de mi pena,
el mudo que cantó la canción de las sirenas
se quedó a solas en el juego.
Me quedé solo en el juego,
Pero el juego terminó.
Aún puedes decir que me amas?
viernes, noviembre 13, 2009
Me quedo aqui
Espera
no te enojes esta vez
lo vi venir
como siempre la reacción
es tan lenta como mi voz
arrasando con la razón
el tsunami llegó hasta aquí
lo vi venir
Si aprendemos la lección
sabrás que al fin
el misterio es contradicción
con todo aquello que conoces
a veces hago todo al revés
el tsunami llegó hasta aquí
lo vi venir
Todo se movió y es mejor quedarse quieto
pronto saldrá el sol
y algún daño repondremos
terco como soy
me quedo aquí
La tinta no seco
y en palabras dije muchas cosas
pero en mi corazón todavía queda
tanto por decir
tanto por decir
tanto por decir
no me voy...
me quedó aquí
Y si no, no aprendimos la lección
Y si no, no aprendimos la lección
jueves, noviembre 12, 2009
Boludo
miércoles, noviembre 11, 2009
Y sigo con Heroes
"Cuando tenía doce años la única pregunta interesante era: ¿Voy a ser siempre un niño o algún día mataré un elefante?. La pregunta sigue siendo la misma.
Un niño sabe tanto de valor, honradez, amor y suerte como cualquiera. Más que cualquiera. La mayor parte de la gente trata de esquivar estas cosas. De eso se trata el juego. Hay que esquivar como una de esas chicas estupendas que se ponen en una rueda de madera mientras el tío de los cuchillos va dibujando su silueta. Lo han hecho un millón de veces y, joder, todos saben que casi nunca falla, pero ella sigue esquivando, a veces con movimientos imperceptibles. Los críos del circo no lo notan, para los críos del circo y para sus madres y sus padres y sus tías, o quien cojones sea el que les acompaña, todo el mérito lo tiene el lanzador de puñales, pero lo cierto es que la chica esquiva lo mejor que puede. Los niños saben más acerca del valor que los generales y los presidentes y toda la gente que se dedica a colgar las medallas. He pasado algunos años tratando de sustituir el valor por alguna otra cualidad más rentable, pero me he dado cuenta, a tiempo, de que el valor es lo único que cuenta. Los elefantes saben mucho de valor. Nos ha jodido, un animal tan grande no tiene donde esconderse.
Conocí a un tío tan viejo y que había corrido tanto que su sombra siempre llegaba tres o cuatro segundos después que él. Estábamos sentados en un puente de piedra que pasaba por encima de un río pequeño que cruzaba un parque. No sé que coño estábamos haciendo allí, veníamos de alguna fiesta y era de día y a alguien le pareció buena idea bajar lo que nos habíamos metido dando un paseo por el parque.
En general eran un montón de gilipollas cazando mariposas, pero yo andaba más interesado en los elefantes. Sé que hablo con mucha soltura de las miserias ajenas y que a veces no parezco nada mejor que un miserable que se excluye, pero, qué coño, todos somos valientes en nuestros cuentos. El caso es que el viejo del puente era un sabio.
Estábamos sentados en el puente de piedra y yo tenía esa sensación extraña de que las cosas no podían estar mejor. Me contó una historia de un elefante al que todos los cazadores disparaban. Era un elefante grande como una montaña y todos los cazadores pequeños como una bala de fogueo creían que podrían con él. Disparaban sus rifles y el elefante no caía. Estaba bien jodido, pero no caía. Según me contó, el elefante aguantó durante años aquella historia. Tíos incapaces de tumbarle disparándole a todas horas. Una vida demasiado dura incluso para un elefante. El viejo se quedó allí, a mi lado, durante un par de horas más, sin decir nada, supongo que trataba de averiguar si yo era una de esas personas capaces de estar calladas. Luego me dijo: Chico, cualquier imbécil puede herir a una mujer pero sólo un hombre grande puede llevársela para siempre. "
domingo, noviembre 08, 2009
Héroes - Ray Loriga
"Yo no quería ser pesimista. De hecho ser pesimista era lo último que quería en el mundo, pero todo lo que pensaba antes de quedarme dormido era triste porque no pensaba en mejoras sustanciales, sino en curvas y pendientes y precipicios y en general en cosas que caían como el plomo. Cosas que podía ser mi polla abandonada por todas las mujeres a las que nunca amaría y por mí mismo en precaución de que mi polla terminase por decidir lo que sería de mí, como un periscopio decide lo que será de un submarino, y otras cosas como aviones en los que pensaba escapar de España y es importante destacar que me cuesta casi tanto decir España como me cuesta decir el nombre de mi madre, lo cual al fin y al cabo justifica la aparición de ambas en mis peores sueños. Amigos a los que fallaría, o pistolas descargadas con las que tendría que enfrentarme a pistolas cargadas y manos sin puños y otros muchos sueños de miedo que ahora no recuerdo bien. Pero eso no era lo que yo quería, era más bien lo que temía, aunque sabía que uno siempre se encuentra con lo que teme, igual que siempre te estrellas contra lo que tratabas de esquivar. Porque las cabezas, sobre todo si son casi nuevas y están considerablemente confundidas, se llenan con lo primero que entra, y así terminan creyendo que las minas son objetivos y eso es precisamente lo que pasaba casi todo el tiempo durante esos días. De manera que no tenía mucho sentido tratar de mejorar las cosas porque los agujeros de mi calle estaban pintados con tanto empeño como un Bugatti en la línea de la mano de Isadora Duncan.
Aún y así me deseaba suerte todas las noches antes de quedarme dormido."
What´s your favourite colour Baby? Living Colour!!!
El setlist del show del pasado viernes fue:
Middle man
Desperate people
Time´s up!
Go Away
Song Without Sin
Burned Bridges
The Chair
Decadance
Young Man
Method
Open letter (to a Landord)
Bi
- Solo de batería -
Papa was a rolling stone
Glamour boys
Behind The Sun
Bless Those (Little Annie’s Prayer)
Hard Times
Out of mind
Elvis is Dead
Type
Funny Vibe (con Lalo Ibeas)
Should I Stay or Should I Go + What’s Your Favorite Colour (Theme Song)
sábado, noviembre 07, 2009
La batalla por leer la mente
Nota aparecida en Tendencias de La Tercera de hoy, escrita por Sebastían Urbina.
Lo que pensamos e imaginamos -ese último espacio de completa libertad personal- podría sucumbir pronto. Hoy, con un resonador magnético, los investigadores pueden adivinar la imagen que vemos, la palabra que pensamos o lo que estamos recordando. Y siguen trabajando.
El misterio de lo que realmente está pensando la persona que tenemos al frente tiene sus días contados. Dentro de algunos años será historia, según los científicos. Y los primeros pasos para lograrlo se están dando hoy, en varios centros de investigación de Estados Unidos y Europa, encendiendo las alarmas éticas entre los investigadores y los grupos ciudadanos que buscan proteger la vida privada de las personas. En este caso, la intimidad de lo que pensamos.
La técnica utiliza imágenes cerebrales, que relacionan los flujos de sangre que cambian de una zona a otra del sistema nervioso, según qué núcleos o redes de neuronas se activan o se apagan. Esto forma una especie de huella digital cerebral que cambia según lo que observamos, olemos, decimos, pensamos o imaginamos.
Durante los últimos 10 años, en que los investigadores han podido usar poderosos escáneres o resonadores magnéticos, se han realizado cientos de experimentos, en apariencia inocentes.
Voluntarios que observan fotos en blanco y negro o en color. Otros que aprietan -o no- botones según qué imagen aparece en la pantalla del computador. Todas pruebas que han permitido acumular conocimiento acerca de cómo trabaja el cerebro y que ahora ha facilitado la creación de poderosos softwares, que relacionan la biología de las redes nerviosas y las ideas que circulan por ellas. Esto permite ahora adivinar, con elevada certeza, lo que está pensando una persona.
A los científicos esto les permitiría comunicarse con pacientes que han sufrido un infarto cerebral o padecen esquizofrenia, o saber con exactitud qué nivel de daño tiene alguien que está en estado de coma.
Pero la técnica hace soñar a otros con el fin de la delincuencia, al estilo de la película Minority report, donde las personas eran detenidas antes de cometer un crimen. Asimismo, sería el ocaso del espionaje y de la hipocresía. Y también, según algunos, será el inicio de una larga batalla por preservar ese espacio de libertad que aún permite a las personas poder usar a su antojo su imaginación, al momento de reflexionar o soñar despiertas.
PRIMERAS LECTURAS
En el caso de la Universidad de California, en Berkeley, el doctor Jack Gallant está desarrollando una técnica computarizada para leer la mente que utiliza resonancia magnética funcional, la misma que se usa hoy en algunos hospitales y clínicas de nuestro país.
Primero, entrenó a dos voluntarios con 1.750 imágenes de objetos como caballos, árboles, edificios y flores, registrando su actividad nerviosa con un resonador. Luego se les entregó 120 nuevas imágenes que no habían visto nunca y, según hacia dónde se dirigía la sangre, el resonador entregó la imagen que la persona estaba viendo con una certeza que varía entre 72% y 92%. La probabilidad de que se acierte por casualidad es de apenas 0,8%.
Al ampliar a mil la cantidad de nuevas imágenes que la persona mira, la exactitud disminuyó escasamente: se logró un 82% de certeza. "Nuestros resultados sugieren que pronto será posible reconstruir la imagen que está visualizando una persona sólo con medir su actividad cerebral", asegura Gallant.
Con las dos mediciones previas, se estima que al usar mil millones de imágenes -las que aproximadamente hay en Google- la tasa de éxito hoy llegaría a 20%. Perfeccionar el programa para acercar esta cifra al cien por ciento es en lo que están trabajando hoy los científicos. En algunos años, ello permitiría incluso adivinar lo que alguien está soñando.
Pero Gallant advierte de inmediato que no se podría someter a nadie contra su voluntad a este tipo de lectura mental, ya sea en forma encubierta o sin el consentimiento informado debido.
OTROS ENSAYOS
La doctora Eleanor Maguire, del University College de Londres, tomó otro camino. Usando también resonancia magnética funcional, ella y su equipo se centró en el estudio del hipocampo, un núcleo nervioso ubicado en las profundidades del cerebro que permite almacenar los recuerdos de las personas. Más específico aún, se focalizó en las neuronas que registran los movimientos de las personas, es decir, que guardan los recuerdos espaciales. Por ejemplo, dónde estuve, de dónde adónde me moví, por cuáles calles caminé.
Con cuatro voluntarios, el resonador logró predecir con exactitud los lugares que recorrieron en habitaciones virtuales -de distinto color- y en cuál de ellas estuvo cada uno. Algo interesante, ya que mientras la actividad de la corteza cerebral es ordenada y predecible, el hipocampo es más misterioso y sus neuronas están desparramadas, sin orden aparente. Y si hasta ahora se creía que era imposible detectar esta información espacial, Maguire demostró que se puede.
Hasta ahora, descifrar estos recuerdos tiene la limitante de que el resonador magnético lee la actividad de miles de neuronas a la vez. Habrá que esperar el refinamiento de estas técnicas y contar con aparatos que discriminen entre una y otra neurona, para descifrar en forma certera los lugares en que una persona ha estado.
NUEVAS APLICACIONES
Hasta ahora, los trabajos se han realizado con fotografías y otras pruebas simplificadas. El próximo paso es poder leer la mente en su estado dinámico, como cuando se ve una película, lo que permitiría -por ejemplo- filmar un video de lo que soñamos.
Gallant y su colega Shinji Nishimoto ya comenzaron a entrenar a voluntarios con diversos videoclips, por cerca de dos horas, mientras escanean sus cerebros, para hacer un mapa de cómo funcionan para distintos estímulos visuales como forma, color y movimiento. Los recientes intentos por adivinar nuevos videos no son aún concluyentes, ya que producen imágenes muy borrosas.
Maguire, por su parte, se dedica a analizar el hipocampo de 10 personas que han visto videos que registran acciones sencillas, como colocar una carta en el correo o derramar un vaso de agua. Después -con el resonador- logra acertar en un 50% el recuerdo de los voluntarios.
Algo que aún resta por mejorar es la nitidez de las imágenes, ya que son todavía pixeladas, lo que podría remediarse en pocos años más. Esto es fundamental para tener registros más exactos, por ejemplo, de recuerdos que las personas guardan por meses o años, los que de por sí son más borrosos.
En Alemania, el doctor John-Dylan Haynes está usando el escáner cerebral para predecir intenciones en personas que están planificando tareas simples.
Mientras tanto, en el estado de Pensilvania, los profesores de sicología, Marcel Just, y de inteligencia artificial, Tom Mitchell, ambos de la Universidad Carnegie Melon, están usando imágenes para pronosticar las palabras que una persona está pensando. Para esto comenzaron usando dos sustantivos como "avión" y "camión", logrando adivinar en 10 ocasiones de 10. Ahora están trabajando con frases de dos palabras.
Pese a los beneficios que podría tener el hecho de leer la mente, estos especialistas coinciden en que estamos ante una espada de doble filo. Es un hecho que muchos pacientes que hoy no pueden comunicarse por sufrir de una enfermedad neurodegenerativa, podrán hacerlo con esta técnica dentro de cinco a 10 años. Pero también es cierto que para hacer una lectura fluida de la mente y su vasto mar de ideas, se necesitan -al menos- otros 50 años de desarrollo tecnológico. Un tiempo escaso para dejar de ser dueños de nuestros sueños y pensamientos.
No hay que tener miedo de sentirse desanimado
Cuando en 1999 se reestrenó en Estados Unidos la obra La muerte de un vendedor viajero, a 50 años de su debut, el director de la nueva puesta en escena envió el guión a dos destacados siquiatras para que lo analizaran. La conclusión de especialistas fue lapidaria: Willy Loman, el protagonista, sufría una esas depresiones clínicas sólo tratables con fármacos. Arthur Miller reaccionó consternado cuando se enteró: "¡Loman no es depresivo!", dijo, "Sólo está agobiado por la vida".
Con casi 170 millones de prescripciones al año en Estados Unidos los antidepresivos se han convertido en uno de los fármacos más vendidos de Occidente y en la "niña bonita" de un mercado que comenzó a gestarse a principios de los 90: "La industria de la felicidad".
Una serie de hallazgos sobre los mecanismos cerebrales que generan bienestar y el surgimiento de la sicología positiva fueron dibujando una nueva corriente de pensamiento que el marketing adoptó rápidamente y convirtió en éxito comercial, con cientos de libros, artículos de revistas y conferencias. Con textos al estilo de La clave de la felicidad: una visión científica para obtener la vida que usted necesita (sólo en la tienda virtual Amazon.com hay más de 400 mil obras que apuntan en esta dirección), el mensaje tras esta poderosa maquinaria es sólo uno: el agobio, la tristeza, no son parte de una vida saludable.
"El mayor daño generado por la industria de la felicidad es haber impuesto la idea de que todo tipo de desánimo es una patología y que se debe tratar de inmediato con fármacos", dice el médico Jerome Wakefield, profesor de la Universidad de Nueva York y autor de La pérdida de la tristeza. Este libro es uno de los tantos que han aparecido recientemente y que buscan, precisamente, devolver a las personas el permiso para sentirse decaídas. ¿Por qué? Simplemente, porque los estados anímicos bajos son un ingrediente esencial de la salud mental de cualquiera y un rasgo que la especie humana adquirió con la evolución.
Después de todo, dicen los expertos, las emociones negativas emergieron por una sencilla pero poderosa razón: mientras el miedo nos alerta sobre la presencia de algún peligro, el desánimo opera como un mecanismo que nos advierte de que algo anda mal con nosotros y que necesitamos descifrar su causa. De cierta forma, actúa de la misma manera en que lo hace la fiebre cuando activa el sistema inmune para combatir una infección.
Incluso ciertos animales, como simios, perros y elefantes, son capaces de desplegar estados similares a la tristeza, como una señal al resto de que necesitan ayuda.
"Al calificar el desánimo que todos sentimos en algún momento como una condición patológica, le hemos asociado un estigma. Esto hace que una depresión pasajera genere rechazo y que se estimule la actitud de: 'supéralo, toma una pastilla'", dice Wakefield. Y añade que insistir en que la tristeza requiere un tratamiento inmediato puede impedir la principal razón para que exista: darnos la capacidad de reconstituir nuestra vida tras un episodio doloroso.
Los expertos en la ciencia del cerebro y en evolución han analizado cómo sentirse "bajoneado" ayuda a la persona a pensar de forma más eficiente. Una de las investigaciones más completas es la de Paul Andrews, del Instituto de Siquiatría y Genética del Comportamiento de la U. Commonwealth de Virginia, y J. Anderson Thomson Jr., sicólogo clínico de la U. de Virginia.
En el informe, publicado en Psychological Review y que abarca el análisis de décadas de investigaciones, los expertos plantean que el desánimo no es un desorden que deba ser erradicado en el acto. Sino, una adaptación evolutiva que presenta costos pero también beneficios.
MEJOR CAPACIDAD DE ANÁLISIS
Una persona desanimada, por ejemplo, por circunstancias como su incapacidad para conseguir una cita, a menudo piensa intensamente sobre su problema, alcanzando un estado altamente analítico. "Esto puede ser muy productivo. Al descomponer un problema en sus partes se vuelve más abordable. Incluso, cuando te enfrentas a un problema matemático el desánimo ha probado ser útil para resolverlo", dicen Andrews y Anderson. Por eso, un estudio realizado por ambos en 2007 mostró que este tipo de personas logra mejor rendimiento en pruebas de cálculo que quienes se sienten sumamente felices.
Esta capacidad no sólo puede generar una respuesta sobre lo que causó el desánimo, sino que los llamados "momentos eureka", en que una idea repentina parece surgir de la nada. ¿Cómo se genera este efecto de concentración? El desánimo coordina una serie de cambios en una región del cerebro, llamada corteza prefrontal ventrolateral, donde las neuronas se activan continuamente para evitar que la gente se distraiga.
También genera otras alteraciones, como la falta de deseo sexual, que evitan pensar en factores anexos, es decir, remueve a la persona de las distracciones diarias y la enfoca en lo que anda mal.
Yael Ron, académica de la Escuela de Sicología Profesional Adler de Chicago, indica que esta mayor capacidad de reflexión es un método muy efectivo de identificar emociones y lo que se necesita cambiar. Por eso, los medicamentos no siempre constituyen la primera línea de terapia: "Usualmente, la gente desanimada se pregunta '¿Por qué me ocurre esto?' o '¿Cómo puedo cambiar?' Quienes intentan simplemente erradicar su problema con una pastilla retrasan lo inevitable", dice.
Otra línea de investigación, basada en pruebas de laboratorio, señala que durante un estado anímico bajo, las personas tienen una mayor capacidad para resolver dilemas sociales, porque analizan de mejor forma los costos y beneficios de las opciones.
La mayor capacidad de análisis que genera el desánimo también permite a las personas una mayor capacidad para detectar mejor las emociones de quienes las rodean, incluso el engaño. Por eso, a veces son verdaderos maestros en saber quién les está brindando verdadero apoyo. "La gente que anda decaída logra interpretar estas pistas sutiles porque tienen una mejor atención a los detalles", dicen Andrew y Anderson.
"Cuando estamos decaídos, nos sentimos incómodos con alguna situación que vivimos y anhelamos una nueva forma de relacionarnos con el mundo, por lo que nos vemos forzados a explorar nuevas opciones. El desánimo a menudo estimula la creatividad", agrega Eric Wilson, profesor de la U. de Wake Forest y autor del libro Contra la felicidad.
MÁS INTENSO EN LAS MUJERES
Factores biológicos, hormonales y sociales hacen que el desánimo sea dos veces más frecuente en mujeres que en hombres, lo que afecta incluso su fertilidad. Según Andrews y Anderson, esto se relaciona con que las mujeres históricamente se vieron sometidas a mayores factores de estrés social, debido a su rol clave en la crianza. Por eso, necesitan ocupar más tiempo en analizar las consecuencias de sus decisiones y estar alertas a signos potenciales de estrés.
Investigaciones realizadas por las universidades de Texas y North Texas muestran que esta diferencia parte en la adolescencia, dada la mayor preocupación que muestran las jóvenes por una posible evaluación social negativa. Por esta razón, indican Andrews y Anderson, los episodios de "bajoneo" las vuelven más reflexivas y empáticas al determinar cómo se sienten los demás.
Para vivir
Para vivir
(Pablo Milanés)
Muchas veces te dije que antes de hacerlo
había que pensarlo muy bien,
Que a esta unión de nosotros
le hacia falta carne y deseo también,
Que no bastaba que me entendieras
y que murieras por mí,
Que no bastaba que en mi fracaso
yo me refugiara en ti,
Y ahora ya ves lo que pasó
al fin nació, al pasar de los años,
el tremendo cansancio que provoco ya en ti,
Y aunque es penoso lo tienes que decir.
Por mi parte esperaba
que un día el tiempo se hiciera cargo del fin,
si así no hubiera sido
yo habría seguido jugando a hacerte feliz,
Y aunque el llanto es amargo piensa en los años
que tienes para vivir,
que mi dolor no es menos y lo peor
es que ya no puedo sentir,
Y ahora tratar de conquistar
con vano afán ese tiempo perdido
que nos deja vencidos sin poder conocer
eso que llaman amor para vivir.
Para vivir...
(1967)
miércoles, noviembre 04, 2009
Tiramisú de Limón
Hice un solo desafinado
con las cenizas del amor
las verbenas del pasado
cangrenan el corazón.
Acórtate la falda nueva
despiértate al oscurecer
túmbate al sol cuando llueva
no desordenes mi taller
Tiramisú de limón
helado de aguardiente
muñequita de salón
tanguita de serpiente.
De madrugada y por la puerta de servicios
me pasabas el hachís
al borde del precipicio
jugábamos a Thelma y Louise
Pero esta noche estrena libertad un preso
desde que no eres mi juez.
Tu vudú ya pincha en hueso,
tu saque se enredó en red.
Tiramisu de limón
helado de aguardiente
puritana de salón
tanguita de serpiente.
Dónde crees que vas
qué te parece que soy
no mires atrás
que ya no estoy.
Pero dónde crees que vas
qué te parece que soy
si miras atrás
mañana es hoy.
Dónde crees que vas
qué te parece que soy
puede que quizás
luego sea hoy.
Nena dónde crees que vas
que te parece que soy
no mires atrás
que ya me voy.
Que sepas que el final no empieza hoy.
martes, noviembre 03, 2009
Los costos de ser una persona histérica
Algunas personas -como lo grafican más adelante las historias de María y José- viven en una inmadurez emocional que los divide por dentro. Necesitan el afecto con la urgencia vital de los niños y la relación que tiene el afecto con la sexualidad en la adultez los angustia, les provoca rechazo, los hace muy críticos y hasta moralistas. Por otro lado, necesitan la atención de los demás y en este afán los signos de la sexualidad son utilizados por ellos como señuelos sin que de esto tengan conciencia. Esta ambivalencia hace que los demás se sientan estafados y que desaten contra ellos un enorme desprecio.
Esta falta de madurez les impide que logren pensar con profundidad y provoca que, a menudo, sean vistos como personas superficiales, frívolas e incluso como si fueran tontos. En varias ocasiones no reconocen muchas de las claves de la realidad adulta y, por eso, a veces son engañados y manipulados. A este tipo de personas, darse cuenta de lo divididos que están les da mucho miedo pues significa tener que sufrir la pérdida de las fantasías infantiles de ser amados con exclusividad. Esta pena les asusta y temen que les arruine la vida de eternas esperanzas que tratan de sostener. Entonces evitan pensar, eluden la intimidad y se esfuerzan en dar vuelta la hoja.
Por ello, seguramente en alguna ocasión, han escuchado a esta persona decirles: "A veces, estando sola, siento una melancolía que me oprime, una especie de soledad y vacío que me inunda. Entonces me aterro y rápidamente pienso en algo positivo que me dijeron o que me pasó y entonces me olvido y sigo adelante, como si todo el mundo me quisiera y no tuviera dolor alguno ni necesidad de hablarle a nadie".
Hombres histéricos:
Buscan que todos los quieran
Una de las cosas que más le molesta a Juan José es que los demás piensen que es una persona nerviosa que acostumbra a gritar por nada. Es cierto que a veces le ocurre, pero no es la regla. Es más, a veces puede ser alguien más bien tímido, incluso retraído, parecido a un púber, sensible y a la defensiva. Lo que es un hecho es que su vida gira en torno al deseo de ser una persona querida por los demás. Sé que se trata de una palabra muy amplia, esto de ser querido por los demás. Lo que Juan José desea es que lo tomen en cuenta.
Algunos podrán pensar que eso convierte a Juan José en alguien que quiere estar en el centro de la atención de la gente, que busca el protagonismo, mostrarse, siempre estar presente. Es posible que a veces a él le gustaría poder lograr eso, sin embargo, como decía antes, en muchas ocasiones siente un pudor, una especie de timidez, que lo hace, incluso, parecer indiferente, lejano. Esta actitud lo vuelve un ser enigmático, distante, misterioso, cosa que a cierta gente le resulta atractiva. Como sea, o buscando que lo consideren u ocultándose provocadoramente, igual lo que sostiene emocionalmente a Juan José es sentir o imaginar que los demás lo tienen en mente positivamente, con afecto, con simpatía, que les cae bien.
Algunos podrían decir que esto lo busca mucha gente, es cierto, pero el tema es que para él es algo esencial, como lo es para los niños, esos pequeños seres dependientes para los cuales el amor concreto y cotidiano de sus padres o amigos es vital. El problema es que Juan José es una persona adulta, joven o no, pero adulta y la realidad en que él vive no funciona así.
Justamente ayer estaba Juan José en la oficina contándole a su jefe lo satisfecho que había quedado un cliente con el trabajo que él había hecho. Juan José acostumbra a exagerar en lo que siente y en sus opiniones sobre algunas personas. Por ejemplo, tiene una imagen y un sentimiento especial respecto a su jefe. Le cae estupendo, lo encuentra muy simpático, muy buena persona, un profesional excelente. Sin embargo, todo esto cambia si Juan José se decepciona. Estaba, pues, contándole todo eso a su jefe muy expresivamente cuando a éste le sonó el celular. En efecto, este jefe es amable, le hizo un gesto de disculpa y atendió la llamada. Estuvo hablando unos cinco minutos. Al cortar, repitió el gesto de disculpa y le pidió a Juan José que terminara de contarle lo del cliente. Sin embargo, él ya no tenía las mismas ganas de seguir hablándole. Sentía una especie de desmotivación, de desgano que incluso lo llevaban a olvidar lo que hace un rato le estaba diciendo lleno de entusiasmo. Resumió, pues, la historia y luego le dijo que tenía que terminar un trabajo, que se le había hecho tarde y regresó rápido a su oficina.
Al volver, Juan José sentía una sutil amargura, casi una suerte de dolor en su corazón, muy leve, pero dolor. Una secretaria le preguntó si se sentía mal. Juan José se sorprendió por la pregunta y le respondió, un poco incómodo, que no. Sabemos que le agrada que se preocupen de él, aunque le molesta que se metan en sus cosas más personales. Ni él mismo sabe mucho de sí. De hecho, en esta situación es casi seguro que Juan José no se daba cuenta de lo que le estaba ocurriendo. Es verdad que se sentía un poco raro, como si algo lo hubiera descompuesto, pero le echó la culpa a un posible resfrío.
Cualquiera diría que es una exageración, que ese jefe no es ni la esposa, ni el padre, ni un amigo ni un hermano de Juan José y es verdad. Pero el hecho es que esto a él le pasa a menudo con las personas. Acostumbra a relacionarse con la gente como si tuviera con ellas una intimidad familiar y espera de los demás algo parecido en la forma. A pesar de lo amable y respetuoso de su jefe, igual Juan José sintió una desconsideración pues esperaba que aquél atendiera a su logro en forma exclusiva, incondicional, que se pusiera alegre con ello, que le expresara en forma explícita lo satisfactorio que sería para él su presencia allí. No es que Juan José piense en primera instancia en que le suban el sueldo o en que le den más poder. El deseo de Juan José es que su jefe se sienta bien con él y que por ello le tenga más simpatía.
Mujeres histéricas: Críticas, agresivas, resentidas
Cambiemos de género al hablar de esta forma de ser. Supongamos que se trata de María Luisa, una mujer. No es que esto sólo les ocurra a las mujeres, también les pasa a los hombres, pero es frecuente que respecto a las mujeres esto sea un tema. Me refiero al sexo. Sin darse cuenta, en general, y aunque cueste creerlo, María Luisa no está especialmente interesada en lo sexual. Y cuesta creerlo pues ella se preocupa mucho de cómo se ve y en su estilo es notorio que se muestra seductoramente. A veces con un escote pronunciado o ligeramente desmesurado, pantalones o faldas que dejan ver las líneas de su cuerpo o una forma de maquillaje, de peinado que llaman la atención. A veces se agrega el modo de caminar, de mirar o de hablar.
Cuando María Luisa se siente especialmente a gusto con alguien prefiere que la tuteen. Caso contrario se siente poco menos que rechazada. Si alguien le desagrada toma distancia y se puede poner tremendamente crítica, incluso agresiva. Puede llegar a ser resentida y le cuesta olvidar un gesto poco amable de alguien hacia ella. En su caso también todo esto es algo que ella vive y que hace sin darse cuenta, sin planearlo. Debido a lo anterior hay ocasiones en que la gente es injusta con las personas como María Luisa. Las acusan de conspiradoras, de seductoras, de no tener pudor y de ser peligrosas para los matrimonios. Sin embargo, no es raro que cuando algo fuera de lugar ocurre en alguna de estas situaciones alguien como María Luisa sea una de las primeras personas en sufrirlo.
El otro día ella estaba en un after hour con algunos compañeros de la oficina. Había estado conversando con Pedro, un colega que se encarga del área de marketing. Se tomaron varios tragos, estaban pasándola muy bien. María Luisa se define a sí misma como de mucho tocar, cariñosa y siempre interesada por la parte espiritual de las personas. Dice que le gusta sobre todo escuchar y de hecho es buena para preguntar. Siempre ha dicho que le habría gustado estudiar psicología. Por eso la gente la busca y ese día con Pedro ella estaba muy sintonizada. Pedro le contaba de un libro de autoayuda que le había cambiado la vida. En un momento en que él le hablaba de la pena que sentía con un tema de su familia ella se acercó y le dio un abrazo. Pedro le respondió con un beso en la mejilla, pero rozando la boca de María Luisa. Pedro es casado y aunque es atractivo, María Luisa siente que no es su tipo. Ante este roce, ella se alejó, molesta y le dijo que cómo se atrevía, que era una falta de respeto, que él era casado y que ella creía que él era una persona correcta, leal, que esto la decepcionaba.
Él se mostró muy sorprendido y confundido. Le dijo que no la entendía, que sentía que María Luisa siempre se había mostrado especialmente cariñosa, que parecía interesada en él, que lo miraba con coquetería, que él la encontraba muy atractiva, etc. María Luisa le respondió que era pura imaginación de él, que ella siempre era así y que se ubicara. El problema es que a María Luisa ya le había pasado esto en otros trabajos o con otros amigos. Y sin embargo, a pesar de todas estas amistades y acercamientos, por otro lado, ella hace tiempo que está sola.
En efecto, María Luisa tiene muchos amigos. A diferencia de otras mujeres, a menudo hace amistades con hombres mientras que con las mujeres le cuesta más. A algunas las encuentra celosas, envidiosas, "cahuineras" e incluso ordinarias. Le carga cuando empiezan con esas conversaciones sobre hombres y sobre sexo. Le impresiona lo groseras que pueden llegar a ser. En esas ocasiones María Luisa se queda callada o esboza algún comentario crítico. Por esto, en la oficina algunas comentan que es "gansa", ante la sorpresa de la gente que no ha estado con ella y que a la distancia siempre la han visto muy "sexy".
De sus amigos a María Luisa no le gusta ninguno, a pesar de que la mayoría de ellos son muy tiernos y amables. "Lo que no tolero", dice, "son los desubicados como Pedro que imaginan que porque una es cariñosa pueden aprovecharse y tener conmigo algo más. Yo no soy fría, al contrario soy muy sensible, emotiva, romántica y de hecho me enamoro con facilidad, pero esto me ha traído mucho sufrimiento, amargura. Creo que tengo mala suerte con los hombres porque me he enamorado varias veces, pero a poco andar me doy cuenta de que no eran las personas que yo me había imaginado".
María Luisa se enamora de hombres inalcanzables, estupendos, de otro mundo, o mayores, casados o separados y que siente le darían seguridad. Hace un tiempo le contaba a un amigo que ella había sido la regalona de su papá, "creo que fui el hijo hombre que él no tuvo. Salíamos juntos a todas partes. Él se llevaba muy mal con mi mamá. Es cierto que la engañó varias veces, pero hay que ponerse en el lugar de él. Mi mamá es insoportable y fría. Ya no veo mucho a mi papá. Finalmente dejó a mi mamá por una mujer mucho más joven. Para mí fue una decepción y no lo he podido superar".
En realidad, a pesar de su romanticismo, María Luisa siente una profunda desconfianza hacia los hombres. Es cierto que tiene esos amigos tiernos que se le acercan y con los que pareciera pasarlo muy bien. Sin embargo, en el fondo, los desprecia, le parecen infantiles y cínicos, y se imagina que en verdad se acercan a ella con la excusa de la amistad a ver si pueden obtener otra cosa. En resumen, le parecen tipos débiles, que no se atreven a ir directo porque temen que ella los rechace ya que en realidad no le interesan como pareja. Pero, repetimos, nada de esto ella lo tiene consciente. María Luisa es capaz de representar estupendamente el papel de una amiga fraterna e incluso maternal, llena de coquetería.
Soy una actriz, ha dicho, y sin saberlo, agrega, desde niña me lo decían, por eso algunas personas me tildan de histriónica. Yo les digo que feliz habría estudiado teatro, pero no lo hice porque en realidad una de las cosas que más me abruma es sentir vergüenza. Si María Luisa se conociera más y pudiera confiar en nosotros nos diría que le angustia que vean más allá de su apariencia, que se metan en su intimidad, que algo de ella se trasluzca hacia los demás. Nos contaría que le aterra que penetren en su vida. Extraño, dirán algunos, sobre todo viéndola tan abierta a las miradas ajenas, sin embargo en el fondo se trata de una persona tremendamente aislada: "Así como parezco muy sensible y emotiva, en el fondo me cuesta mucho sentir. Creo que, sin saberlo, muchas veces simulo mis emociones. Es triste pensar que en el fondo de mí me parezco a mi madre y que soy fría como ella, poco sensible, algo que siempre me amargó y que rechacé".
* León Cohen es psiquiatra y psicoanalista, profesor del Instituto de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Chilena y de la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Asesor Psicológico del Area Dramática de TVN.
lunes, noviembre 02, 2009
Sexo Oral para ella
Para algunas personas es la manera más placentera de practicar sexo; otras no lo soportan, algunas ni se lo plantean. A continuación algunas recomendaciones para que esta práctica se convierta en una posibilidad realmente gustosa.
El sexo oral por muy trasgresor que pueda parecerle a algunas personas es tan antiguo como el ser humano. Para algunas es la manera más placentera de practicar sexo; otras no lo soportan, algunas ni se lo plantean. Nosotros vamos a hacer algunas recomendaciones para que el sexo oral se convierta en una posibilidad realmente gustosa.
Hoy nos centraremos en lo que técnicamente se llama cunnilingus. La palabra viene del latín cunnus: cuña o vulva, y lingus: lengua; relación de la lengua con la vulva. Se trata dos partes del cuerpo muy sensibles; por lo que en teoría, si no existen interferencias mentales, ni bloqueos, el contacto podría ser muy grato. Aunque no podemos dejar de lado que nuestros mapas de amor —como bien explicó John Money en su teoría sobre cómo se construyen nuestras preferencias eróticas— tienen un claro componente social. Y todos sabemos que esa parte del cuerpo, la vulva, siempre se ha relacionado con sucias excreciones. Así, para algunas personas, no es fácil llegar a esta práctica erótica, perdiéndose una clara posibilidad de placer.
En el sexo oral es muy importante tantear el terreno. No ir directamente al grano, esperar que el nivel de excitación vaya creciendo. Empezar acariciando la zona del ombligo —ojo a algunas personas tampoco les gusta mucho que le toquen en esa zona—. Es muy importante ir besando la zona del vientre, con esos besos calientes, que hacen suben la temperatura, pasar la lengua… Es necesario estar cómodos y que ella esté cómoda.
Las piernas tienen que estar bien abiertas para que no te sientas agobiado; antes de centrarte en la vulva, explora, la cara interna de los muslos, el pubis, las inglés… El clítoris es la zona más sensible, por lo que debes tener especial cuidado al entrar en contacto con él, rodéalo con la lengua, bésalo, succiónalo, pero no te pases con la presión y nada de mordisquear, salvo que ella lo pida expresamente; en esa zona podrías hacerle daño.
Las manos no las dejes quietas, acaricia su cuerpo, recórrelo, suavemente o más apasionadamente, según el ritmo de la boca. Mientras que acaricias el clítoris con la lengua, puedes acariciar con los dedos la zona de entrada de la vagina, que es muy sensible; incluso introducir algún dedo, esto puede ser grato a algunas mujeres, a otras no les gusta que les introduzcan nada mientras les realizan un cunnilingus. Tendrás que ir explorando y comentando con ella sus preferencias. Déjate llevar y explora sus texturas en sintonía con sus respuestas. Si queréis inspiraros escuchar la canción 'Mojándolo lo todo', de Luis Eduardo Aute. Maravilloso canto al cunnilingus.
Otra cuestión que tienes que tener en cuenta es que algunas mujeres cuando llegan al orgasmo, no soportan que las sigan tocando y necesitan un periodo de reposo. Es lo que se llama periodo refractario. Algunas lo tienen más marcado y les resulta demasiado intensa la sensación de seguir notando el contacto, sobre todo en el clítoris —como les pasa a la mayoría de los hombres cuando se corren—; a otras, aunque hayan orgasmado, no les importa que les sigan acariciando. Tienes que estar atento y ver como responde. Lo mejor es dejar que orgasme tranquila, abrazarla y besarla, ese tipo de contacto lo agradece y aprecia después del orgasmo.
Y por último, aunque tendría que figurar en primer lugar, está la consideración a la higiene. Cuestión clave para estar realmente cómodos. A algunas personas les gustan los efluvios sexuales intensos, pero la mayoría prefieren que la zona este limpia. Muchas mujeres comentan en consulta que se sienten inseguras por si no están bastante limpias. Agua y jabón es suficiente. Tampoco hay que exagerar, afortunadamente somos un país de usuarios del bidé y con el lavado diario es suficiente. Otra posibilidad es tomar juntos una ducha previa: la ducha se puede convertir en un excelente preámbulo erótico.
¿Te gusta esta práctica sexual? ¿Te sientes cómodo/a con esta práctica? ¿Qué necesitas para disfrutar con un cunnilingus? ¿A qué edad descubriste el cunnilingus?
viernes, octubre 30, 2009
Faith No More 14 años después
Acá el setlist del show de anoche
A continuación algunos cortes del show:
Just a Man: Es mejor tocar con vosotros sin los pollos.....pero también con pollos
Midlife Crisis
Last Cup Of Sorrow
Collision
The Real Thing
Digging The Grave
Last Cup Of Sorrow & Easy
Ricochet
martes, octubre 27, 2009
Reunited
En su regreso parten con un excelente cover, del setentero Reunited.
I was a fool to ever leave your side me minus you is such a lonely ride
The breakup we had has made me lonesome and sad I realize I love you cause I want you bad
I spent the evening with the radio regret the moment that I let you go
Our quarrel was such a way of learning so much I know now that I love you ’cause I need your touch.
Reunited and it feels so good Reunited cause we understood there’s one perfect fit And, sugar, this one is it we both are so excited cause we’re reunited
I sat here staring at the same old wall came back to life just when I got your call
I wished I could climb right through the telephone line and give you what you want so you will still be mine,
I can’t go cheating, honey, I can’t play I found it very hard to stay away As we reminisce on precious moments like this I’m glad we’re back together ’cause I missed your kiss
LETRA TRADUCIDA FAITH NO MORE
Fui un loco por alejarme de tu lado Yo menos tú es como un paseo solitario
La separación que tuvimos hizo de mi alguien solitario y triste, Me doy cuenta que te amo por que te quiero muchísimo
Paso las tardes con la radio lamentando el momento en que te dejé ir nuestras peleas fueron una forma de aprender tanto que ahora que te amo por que necesito que me toques
Reunidos y se siente tan bien reunidos porque comprendimos
Que hay un ajuste perfecto y, cariño, este es el único.
Ambos estamos tan emocionados por que estamos reunidos
Me senté aquí mirando fijamente la misma vieja pared regresé a la vida justo cuando recibí tu llamada
Deseé poder escalar a través de la línea telefónica y darte lo que quisieras con tal de que quisieras siendo mio
No puedo ir engañándote, querida, no puedo jugar encontré que es muy difícil permanecer lejos
Así como recordamos nuestros preciosos momentos como este me alegro que hayamos regresado juntos
Por qué eché de menos tus besos
Los Setlist de alguno de sus últimos show 2009, dan una pista de lo bueno que estarán sus dos show.
viernes, octubre 23, 2009
Amor acelerado
Reproduzco reportaje aparecido en emol on line.
Viernes 23 de Octubre de 2009Ángela Tapia F.
Apenas tres meses duró el matrimonio de Pamela Anderson con el productor Rick Salomon. Ambos se habían conocido en septiembre del año 2007 y al mes siguiente, durante una pausa en el show de magia en el que la ex Baywatch participaba, se juraron amor eterno en una ceremonia de 90 minutos.
Pero dos meses después, la Corte Superior de Los Angeles declaró inválida la unión por “fraude”, antes las peticiones de Anderson y Salomon por separarse. Algo muy parecido a lo que vivieron Kenita Larraín y Marcelo 'Chino' Ríos que pololearon cinco meses y duraron un poco más de 4 casados.
Fácil viene y fácil se va. La típica frase parece cobrar vida entre los fugaces e intensos romances de algunas parejas, que de manera poco usual, se dejan llevar por el ímpetu del amor y viven en el transcurso de un año, a veces un par de meses, el auge y caída de una relación.
Pero, el irse a toda marcha, ¿se trata de algo realmente perjudicial para una relación o es sólo una mala jugada que el destino tenía preparada a personas como Britney Spears y su ex Kevin Federline, Drew Barrymore y Jeremy Thomas y, en la escena local, a Kenita Larraín, casada a los 5 meses de comenzar a salir con Marcelo Ríos, del que se separó también cinco meses después?
“Cuando hay mucho entusiasmo y rapidez por vivir juntos, por el afán cortoplacista que generalmente hay en la gente de querer rápidamente concretar algunos estados, no me parece que tenga un buen pronóstico”, asegura la psicóloga y terapeuta de parejas Ximena Gac.
Si bien ella asegura que los tiempos para una mejor preparación de una pareja para dar el gran salto a la convivencia, depende de cada persona, estima que “de ninguna manera podría ser en menos de un año”.
“Por lo que he visto, se reduce un poco el fracaso cuando las personas se van a vivir después de dos años (de pololeo)”, comenta por su parte la psicóloga de la Universidad Católica y terapeuta familiar Any Hutter.
“Durante ese período puedo ver al otro enojado, molesto, criticando, ver si es demasiado dominante, sumiso; ver cómo la persona va reaccionando frente a la vida, algo que en un mes o dos semanas no se ve”.
En un abrir y cerrar de ojos
Ocho segundos y dos milisegundos se demora un hombre en enamorarse, más o menos lo que se demoraría en sacar un encendedor de su bolsillo y ofrecerle fuego a una mujer.
Según un estudio dado a conocer este año en la revista "Archives of Sexual Behavior", ese es el tiempo estimado –un par de pestañeos- en el que ellos tardan en sentir un flechazo.
Y es precisamente este estado, el enamoramiento, el que parece desencadenar los impulsos que aprietan el acelerador en una relación y, a veces, no con los resultados esperados.
“El concepto del enamoramiento no es lo mismo que el amor; hace que las personas se confundan, que proyecten en el otro lo que creen que les falta y crean que están ante el amor de su vida”, comenta Hutter.
Tal como lo explica la psicóloga, los defectos desaparecen en esta etapa. “Percibes quizás que algo no está resultando, pero te haces el loco, o piensas que el amor lo va a cambiar (...) Pero eso no es solamente poco probable, sino que es imposible”, explica.Porque no toda crisis es mala“El tiempo es el mejor aliado”, dice Hutter, quien, al igual que Gac, mencionan las etapas de crisis como un factor trascendental para conocer a la pareja y sacudirse las nubes de la cabeza para regresar los pies a la tierra.
“El lado B de las personas sólo se conoce a través del tiempo”, dice Gac, quien agrega que es importante racionalizar que la pareja no es el príncipe o la princesa azul, sino que también tiene defectos.“Cuando somos capaces de tolerar al otro con sus miserias, y sus características no son tan lindas, sabemos que estamos superando la etapa del enamoramiento”, para pasar a lo que llamamos amor.
En palabras de Hutter, esto sería “ver al otro en su totalidad y no intentar cambiarlo a imagen y semejanza de uno, ser capaz de tolerar los defectos, de apoyar al otro aunque no se esté muy de acuerdo con todo”. ”El amor es una cosa que tiene más que ver con la estabilidad, no con los pajaritos en la cabeza, con los sentimientos estables y aceptadores, en que la persona no tiene que sacrificar todo por estar con el otro”, explica.
domingo, octubre 18, 2009
Cómo nace una persona ansiosa
Por Robin Marantz Henig, The New York Times.
El momento de "¡Ajá!", de Jerome Kagan, llegó con el lactante 19. Era 1989, y Kagan, un profesor de psicología en Harvard, acababa de empezar un gran estudio longitudinal sobre el temperamento y sus efectos. El temperamento es algo complejo y con múltiples capas, y para lograr claridad, Kagan estaba analizándolo desde una sola dimensión: si los lactantes se disgustaban fácilmente cuando eran expuestos a cosas nuevas. Él sospechaba que los infantes más nerviosos tendrían más tendencia a crecer como personas tímidas y ansiosas. Miró los videos de los primeros lactantes, buscando el comportamiento irritable que más tarde llamaría "altamente reactivo".
No vio grandes reacciones en los primeros 18. Miraban calmadamente las cosas que no eran familiares. Pero el lactante 19 era diferente. Se afligía por los nuevos sonidos, nuevas voces, nuevos juguetes, nuevos olores y lo demostraba agitando sus piernas y llorando. Aquí estaba lo que Kagan buscaba sin saber si lo encontraría.
El lactante 19 creció fiel a su temperamento. El verano pasado, Kagan me mostró un video de él en 2004, cuando tenía 15.
En el monitor, el lactante 19 es una adolescente de aspecto normal. La entrevista comienza con preguntas sobre la escuela. Se mueve nerviosamente mientras habla. El entrevistador le pregunta qué cosas la preocupan.
"No lo sé", dice el lactante 19 después de una larga pausa, tocando su cara, una rodilla, su pelo. Sonríe, se encoge de hombros. Y después la lista de problemas se desborda: "Cuando no sé bien qué hacer y es muy frustrante y me siento muy incómoda, especialmente si los demás a mi alrededor saben lo que están haciendo. Siempre estoy pensando, ¿debería ir aquí? ¿debería ir allá? ¿Estoy siendo un problema para alguien?... Me preocupo de cosas como lograr terminar los proyectos... pienso, ¿lo lograré? ¿cómo voy a hacerlo?... Si estaré con una gran multitud, me pongo nerviosa por no saber qué voy a hacer o decir y qué va a hacer y decir otra gente". Lactante 19 está retorciendo sus manos ahora. "Cómo voy a enfrentar el mundo cuando sea grande". Ella quiere hacer una diferencia, dice, y se preocupa de si lo logrará. "No puedo dejar de pensarlo".
Kagan está mirando en este video a la joven que, cuando era una infante, por primera vez personificó para él lo que significaba estar atado a la preocupación. Continuó encontrando muchos otros niños así, y vería a un gran porcentaje de ellos enfrentarse con la ansiedad y otros problemas mientras crecían.
La incertidumbre de la vida moderna puede hacer que cualquiera se sienta alterado. Y en momentos como los que estamos -miles de personas perdiendo sus trabajos y casas, nuestros futuros amenazados por la baja de pensionesl- a menudo se siente como si la nuestra fuera la era de la ansiedad.
Pero algunas personas, sin importar lo robusta que sea su situación económica o lo saludables que sean sus hijos, siempre están mentalmente preparadas para el desastre. Nacieron preocupándose por todo, sus cerebros siempre están anticipando problemas. En los últimos veinte años, Kagan y sus colegas han seguido a cientos de estas personas, empezando en la infancia.
Estos psicólogos han demostrado que algunos de nosotros, como el lactante 19, nacen ansiosos -o más más bien, nacen con predisposición a ser ansiosos-. Cuatro estudios longitudinales de largo plazo están ahora en proceso: dos en Harvard, que inició Kagan, y dos más en la Universidad de Maryland. Con leves variaciones, todos han llegado a conclusiones similares: los bebés se diferencian por distintos temperamentos; 15 a 20 por ciento de ellos reaccionará nerviosamente a personas y situaciones nuevas; y que los lactantes altamente reactivos tienen más probabilidades de crecer como personas ansiosas.
También han demostrado que mientras el temperamento persiste, el comportamiento asociado a él no siempre lo hace. Kagan dice que no todos los estados cerebrales llevan a la misma experiencia subjetiva; una persona quizás describa un cerebro hiperestimulado de una forma negativa, como sentirse ansioso o tenso, mientras otra podría disfrutar la sensación y en cambio usar una palabra positiva como "alerta". Pero mientras el comportamiento y la experiencia subjetiva asociada con una emoción, como la ansiedad, podría estar bajo el control consciente de una persona, la fisiología no lo está. Esto es lo que Kagan llama "la larga sombra del temperamento".
La ansiedad no es miedo, exactamente, porque el miedo está enfocado en un peligro real y objetivo. Es, en cambio, una sensación generalizada de terror a algo que parece amenazante, pero que en realidad no lo es, y quizás ni siquiera es real.
La periodista Patricia Pearson, en su libro "Una breve historia de la ansiedad", escribía que "si tenía náuseas, me preocupaba del cáncer y empezaba a leer obsesivamente los síntomas. Me acostaba tratando de callar el clamor de los terrores durmiendo".
Cuando el "clamor de los terrores" comienza a interferir con la vida diaria, como ocurrió con Pearson, se habla de un desorden ansioso clínico, del que existen varias formas: pánico, ansiedad social, fobia, compulsión obsesiva, estrés postraumático y uno que los incluye a todos llamado "desorden ansioso generalizado". Sumados, hacen a la ansiedad la enfermedad mental más común en Estados Unidos, afectando a unos 40 millones de adultos, según el Instituto Nacional de Salud Mental. Y esa cifra no incluye a los ansiosos comunes y corrientes, gente que se inquieta cuando el hijo está atrasado, que se preocupan cuando escuchan una sirena en el barrio, que están seguros de que una llamada en medio de la noche significa que alguien murió.
En el cerebro, estos pensamientos pueden ser ligados a una sobreactividad en la amígdala, una pequeña porción en el medio del cerebro que, entre otras funciones, responde a la novedad y la amenaza. En la gente que nace con un circuito cerebral particular, como el que vio Kagan en sus sujetos de estudio altamente reactivos, la amígdala es hiperreactiva, que se despierta al más mínimo cambio.
Dos personas pueden experimentar el mismo nivel de ansiedad, dice Kagan, pero una que tenga un trabajo interesante para distraerla de los sentimientos nerviosos podría calmarse, mientras una que acaba de perder su trabajo podría llegar más rápido al punto en que la corriente de ansiedad se vuelva insoportable. Todo está en el contexto, la interpretación. Estas variaciones también ocurren cuando alguien que comienza como un infante ansioso crece y se convierte en alguien preocupado o tranquilo. Una de las metas de los estudios longitudinales de Kagan es observar cómo las historias de vida de estos lactantes nerviosos se desarrolla.
Pero estos estudios arrojan tendencias, no destinos. Si alguien con un temperamento con tendencia a la ansiedad crece en un buen ambiente, quizás nunca desarrolle un desorden de ansiedad clínico.
En la época en que Kagan se mudó a Harvard, en 1964, la noción de un temperamento innato estaba en ascenso, en parte por los descubrimientos de Stella Chess y Alexander Thomas, de la Universidad de Nueva York, quienes dividieron a los niños en tres categorías: niños fáciles, niños difíciles y los que eran lentos para entusiasmarse. Kagan se embarcó en su propio estudio longitudinal del temperamento. En 1979, él estudió a unos 400 preescolares, exponiéndolos a nuevos juguetes y nuevas personas en una sala de juegos de laboratorio, grabándolos en video y codificando su comportamiento. Alrededor de un 15% terminó en el grupo que Kagan llamó "de comportamiento inhibido": desconfiados, callados, con tendencia a quedarse cerca de sus madres. Otro 15 por ciento eran "de comportamiento desinhibido". Eran los sin miedo, que corrían alrededor tratando de jugar con todos los juguetes nuevos y que conversaban felices con el examinador.
Durante los siguientes cinco años, 107 de esos niños -la mitad de ellos tímidos, la mitad osados- volvieron al laboratorio para más pruebas. El temperamento, según los resultados, tendió a ser estable durante esos cinco años, al menos en los niños que empezaron en los extremos. Sólo tres de los 107 cambió de categorías completamente de inhibido a desinhibido o viceversa.
Pero estos sujetos de estudio eran preescolares cuando Kagan los conoció; ya eran demasiado grandes para saber cuánto se podía atribuir a la naturaleza más que a la crianza. ¿Pudo el niño inhibido ser educado para ser cauteloso en vez de nacer así? Entonces el año siguiente, Kagan comenzó un nuevo estudio que él esperaba pudiera minimizar los efectos del ambiente. Reclutó infantes que tenían sólo cuatro meses.
Él razonó que si la amígdala era altamente reactiva, se mostraría como una actividad motora aumentada, inquietud y llanto, así como un aumento de los latidos, respiración y presión arterial. Demostrar que algunas pocas medidas fisiológicas podían ofrecer indicios de la psique de un bebé fue una de sus contribuciones reales.
Kagan trajo a unos 500 infantes -todos blancos, de clase media y sanos- al laboratorio, los sentó en sillas de niños frente a una cámara de video y los expuso a una serie de estímulos nuevos. Les mostró un móvil con personajes de Winnie the Pooh -nada atemorizante, pero algo nuevo-. Acercó a sus narices un algodón con alcohol diluido. La batería de estímulos nuevos duró 45 minutos. Algunos de los bebés miraban contentos toda la demostración. Otros estaban en constante movimiento, pateando y moviendo sus brazos, frunciendo sus cejas o llorando si estaban muy alterados.
Cada infante fue categorizado como altamente reactivo, poco reactivo o en algún lugar intermedio. Los poco reactivos eran los clásicos bebés fáciles. Los altamente reactivos, entre ellos el lactante 19, lloraban y se agitaban cuando eran expuestos a las mismas cosas desconocidas. Era claro, mientras se retorcían en sus asientos, que esos bebés eran de alto mantenimiento.
Alrededor de un 40 por ciento era poco reactivos. Y alrededor de un 20 por ciento era altamente reactivos. Kagan trajo a la mayoría de ellos de vuelta, así como también a los de temperamento intermedio, para volver a hacerles pruebas a las edades de uno y dos años. Cerca de la mitad de ellos, principalmente los que estaban en los extremos, volvieron para más pruebas a las edades de 4, 7, 11, 15, 18 y 21.
Algunos patrones ya habían emergido. A los cuatro años, los niños que habían sido altamente reactivos tenían cuatro veces más probabilidades de tener un comportamiento inhibido que los que habían sido poco reactivos. A los siete años, casi la mitad de los bebés nerviosos habían desarrollado síntomas de ansiedad -miedo a los rayos o los perros o la oscuridad, timidez extrema en la sala de clases o de juegos- comparado con el diez por ciento de los que eran más tranquilos. Uno de cada cinco bebés altamente reactivos eran consistentemente inhibidos en cada visita a los siete años.
"El miedo a cosas sociales es diferente al miedo a cosas físicas", dice Daniel Pine, un psiquiatra infantil que colaboró en dos estudios longitudinales en la Universidad de Maryland. El mismo circuito cerebral probablemente está involucrado en ambos, dijo, pero miedos diferentes tienden a aparecer en distintos puntos del desarrollo: el miedo a cosas como los payasos, globos o arañas aparecen tempranamente en la vida; el miedo a cosas como situaciones sociales con pares aparecen más tarde. Es relativamente fácil evitar las cosas físicas que te asustan; si te dan miedo los perros, puedes tomar una diferente ruta a la escuela para evitar pasar frente al bull terrier en la calle. Es más difícil evitar los miedos sociales.
Los niños tendían a tener un mejor control de sus miedos cuando crecían. En la adolescencia, la tasa de ansiedad en los sujetos de estudio de Kagan declinaba generalizadamente, incluyendo al grupo de alto riesgo. A los 15, alrededor de dos tercios de los que habían sido altamente reactivos en la infancia se comportaban ahora mayormente como todo el resto.
Una de esas personas era Mary, ahora una estudiante de 21 años en Harvard, quien estaba en el grupo de bebés altamente reactivos y era moderadamente asustadiza a los uno y dos años. Ella no se pensaba en sí misma como ansiosa, sólo como consciente de sus deberes. "No me aparto de las reglas mucho", dijo cuando hablamos por teléfono hace poco. "Pero es natural para mí, nunca sentí problemas al respecto. Yo era definitivamente la niña que hacía toda mi tarea antes de ver televisión". Mary era una talentosa bailarina de ballet cuando niña, lo que le dio una forma de trabajar su energía.. Ese talento, además de ser criada en lo que Kagan llamó "un hogar benevolente", podría haber ayudado a cambiar la inhibición innata de Mary hacia algo más constructivo. Si el temperamento altamente reactivo de Mary es evidente ahora, toma la forma de autocontrol y escrupulosidad.
A la mayoría de los niños altamente reactivos en el estudio de Kagan les fue bien en la adolescencia, teniendo buenas notas, yendo a fiestas, haciendo amigos. Al escarbar bajo la superficie, sin embargo, muchos de ellos -probablemente la mayoría- era un manojo de nervios. "Son sólo los altamente reactivos los que dicen, "estoy tensa en el colegio", "vomito antes de los exámenes", "si vamos de viaje de estudios no puedo dormir la noche anterior"' me dijo Kagan. "No les gusta, pero han aceptado el hecho de que simplemente son gente tensa". Invocando la terminología de Jung, él lo llamó la diferencia entre persona (la personalidad dirigida al exterior) y el ánima (los pensamientos y sentimientos dirigidos al interior). La persona puede ser controlada, pero el ánima a menudo no puede.
La rama de comportamiento en el trío del cerebro-comportamiento-experiencia es la que parece más disponible a la intervención, y los científicos ahora están investigando cómo es que dos tercios de los que tienen un temperamento altamente reactivo logran evitar problemas. Muchos factores ambientales sin duda son parte. En el primer estudio de Kagan, por ejemplo, él descubrió que el orden de nacimiento parecía relevante. Los niños de comportamiento inhibido era mucho más probable que tuvieran hermanos mayores: dos tercios de ellos los tenían. ¿Podría el hecho de tener hermanos mayores significar ser molestado y presionado, lo que se convierte en una fuente de estrés crónico, lo que amplifica una predisposición biológica a la inhibición? Kagan nunca replicó estos resultados, lo que muestra lo difícil que puede ser descubrir cuáles factores ambientales son relevantes, y cuáles resultan ser incidentales. También descubrió que los niños altamente reactivos que iban a la guardería cuando eran pequeños eran significativamente menos temerosos a los cuatro años que los altamente reactivos que se quedaron en casa con sus madres.
Los intentos para ver qué tipo de paternidad funciona mejor con el temperamento propenso a la ansiedad deja muchas preguntas sin respuesta cierta. ¿Qué es mejor para un niño temeroso, altamente tenso, un padre que mima al niño y le dice que todo estará bien, o un padre que pone límites firmes y estrictos y no tiene tolerancia a los recelos? Uno podría imaginarlo de ambas maneras, realmente. Por una parte, podría ser bueno proteger al niño de las cosas que lo preocupan. Por otra parte, podría ser mejor urgirlos a enfrentar las cosas que temen.
Los científicos en los laboratorios de Kagan y de Fox han investigado esta pregunta de una forma sistemática, y han encontrado dos resultados diferentes. Pero un estudio, por la estudiante de Kagan Doreen Arcus a principios de los 90, descubrió que lo que parecía mejor para los niños altamente reactivos eran las madres que ponen límites firmes y no se apuraban mucho en ir a consolarlos cuando lloraban. Y el otro, por la postdoctorada Amie Ashley Hane una década después, descubrió algo levemente diferente: que lo que mejor funcionaba para las guaguas altamente miedosas eran las madres sensibles, que hablaban a sus hijos asustadizos en sus propios términos e interactuaban con ellos en una forma que era acogedora y les daba apoyo, sin ser intrusiva. A veces, por supuesto, hay una línea delgada entre ser firme y demasiado duro, y una fina línea entre dar apoyo y ser intrusiva. Esto hace especialmente difícil convertir los descubrimientos de Arcus y Hane en guías claras de cómo cuidar mejor a niños inquietos.
El mejor resultado, sea como sea, es criar a un niño que aprenda a combatir sus demonios por sí mismo. Algunos niños descubren solos lo que funciona mejor para ellos. "Las luchas internas me angustiaron durante años hasta que fui capaz de soltar y calmarme", escribió uno de los sujetos de estudio altamente reactivos de Kagan en un ensayo, revelando una sabiduría asombrosa a sus 13 años.
Para los niños que necesitan ayuda para enfrentar sus miedos, algunos psicólogos tratan de intervenir temprano, con programas que les dan herramientas para acallar los pensamientos atemorizantes. Los niños a menudo son educados en las mismas habilidades que los adultos ansiosos, una variación de terapia cognitiva conductual, diseñada para parar el interminable loop de pensamientos repetitivos, reemplazándolos con una voz interior racional e inteligente. De cierto modo, es enseñar a las personas ansiosas a hacer lo que las personas no ansiosas hacen naturalmente.
"Bromeo mucho sobre mi ansiedad", escribió una joven llamada Brittany en un blog grupal llamado "Nos Preocupamos", parte de una comunidad de blogs de ansiedad. "Y hay veces en que yo lo encuentro gracioso. Puedo hacer esto porque está esa voz en mi cabeza que me dice que es irracional lo que me está preocupando. Pero después me preocupo por preocuparme por cosas irracionales. Es un ciclo sin fin".
Incluso aquellos con una preocupación común y corriente -no un desorden ansioso clínico como Brittany- luchan para burlar sus cavilaciones. "Tengo una amigo que es un psicólogo clínico, y hablamos mucho sobre esto, lo que la gente hace para volverse menos ansiosos", dijo Engel, del Williams College.
Engel dice que ella es por naturaleza muy ansiosa, igual que el mayor de sus tres hijos. "La forma en que lidiamos con eso es que ambos tenemos todo hecho con anticipación". Ésta es una forma de aliviar la ansiedad, dice. "Supongo que ambos tenemos suerte de que nuestro método es adaptativo".
El tipo de adaptación podría tener algo que ver con la inteligencia, dice Steven Pinker, un psicólogo en Harvard y autor de "La Pizarra Blanca: la negación moderna de la naturaleza humana". Él dice que cree, basado en puras conjeturas, que la gente con mayor inteligencia es mejor en superar el temperamento nervioso y más tendiente a "ver su propia lista de preocupaciones como un problema a resolver, minimizando la ansiedad innecesaria, mientras todavía son lo suficientemente ansiosos para terminar sus cosas". Al menos un estudio presta apoyo a la impresión de Pinker. En un artículo de 2004 llamado "¿Pueden los preocupados ser ganadores?", dos científicos británicos le dieron tests de personalidad a un grupo de jefes financieros y descubrieron que los que tuvieron altos puntajes en las preguntas de ansiedad, como estar nerviosos por hacer bien su trabajo, resultaron ser mejores empleados, pero sólo si sus preocupaciones se acompañaban de altas habilidades cognitivas.
Fox dijo que lo que distingue a los altamente reactivos que aprendieron a adaptarse de los que no lo hicieron a menudo se trata de algo simple, como encontrar uno o dos amigos que dan apoyo o, como Mary y su ballet, encontrar algo en que son buenos y pueden sentirse confiados al respecto.
Mirando la neurología de la ansiedad levanta la inevitable pregunta de por qué una característica que causa tanta angustia mental habría evolucionado en primer lugar. Para la especie en su totalidad, es más probable una ventaja tener algunos miembros del grupo que sean hipervigilantes. Para los individuos, sin embargo, ser inhibidos puede significar menos oportunidades de apareamiento, sin mencionar la carga psicológica.
En el mundo moderno, el temperamento ansioso ofrece algunos beneficios: cuidado, introspección, la capacidad de trabajar solo. Estas pueden ser cualidades adaptativas. Kagan ha observado que los altamente reactivos en su muestra tienden a evitar los riesgos tradicionales de la adolescencia. Porque son más contenidos que sus pares más alocados, dice; los chicos altamente reactivos son menos propensos a experimentar con drogas o a conducir imprudentemente.
La gente con un temperamento altamente reactivo -siempre que no se muestre en un desorden clínico- son generalmente escrupulosos y casi obsesivamente bien preparados. Los ansiosos son más tendientes a ser los trabajadores más concienzudos y los amigos más atentos. La ansiedad por los exámenes puede llevar a estudiar mejor; el miedo a los viajes puede llevar a planificar cuidadosamente.
Kagan me dijo que en los 40 años que trabajó en Harvard, él contrató al menos 200 asistentes de investigación "y siempre buscaba a los altamente reactivos. Son compulsivos, no cometen errores, son cuidadosos". Dijo que él apostaba que cuando Estados Unidos envía gente al espacio, los astronautas valientes y de acero eran poco reactivos cuando eran infantes, y los controladores de la misión en la tierra, haciendo el trabajo detallado, eran altamente reactivos.
Un temperamento ansioso puede servir para una función más exaltada también. "Nuestra cultura tiene la ilusión de que la ansiedad es tóxica", dijo Kagan. Pero sin gente introvertida que prefiere la soledad, ¿de dónde sacaríamos a los escritores y artistas y científicos y programadores de computación que hacen a la sociedad zumbar y cantar?
Estas son sobregeneralizaciones, por supuesto. Quizás existan cientos de diferentes temperamentos y estos estudios sólo han investigado dos, los más estables y más fáciles de medir, pero todavía sólo son dos. Si fuera tan simple como decir que un infante altamente reactivo se volverá un niño inhibido que se volverá un adulto ansioso, todos los científicos trabajando en temperamento tendrían que hacer poco más que escribir horóscopos.
El poder predictivo de un temperamento propenso a la ansiedad, esencialmente funciona en sólo una dirección: no en predecir lo que estos niños serán, sino en predecir lo que no. En los estudios longitudinales de la ansiedad, todo lo que puedes decir con seguridad es que los infantes altamente reactivos no crecerán como extrovertidos, efervescentes o audaces. Aún así, mientras una Sylvia Plath casi por seguro no crecerá para convertirse en un Bill Clinton, ella puede crecer hasta convertirse en ansiosa y suicida, o simplemente una poetisa. El temperamento es importante, pero la vida interviene.
Como ocurrió con la lactante 19, ella no ha salido de su tipo de temperamento, y lo más probable es que nunca lo hará. Está en la universidad y le va muy bien, me dijo Kagan. Pero su temperamento todavía se nota en su personalidad. La lactante 19 tiende a ser "adusta" y "melancólica". Y ella todavía es, y probablemente siempre será aprensiva.
Por Robin Marantz Henig, The New York Times..
domingo, octubre 11, 2009
N° 2 en tu lista/contrabando de amor
sábado, octubre 10, 2009
La Soledad de los Números Primos
"Los números primos sólo son exactamente divisibles por 1 y por sí mismos. Ocupan su sitio en la infinita serie de los números naturales y están, como todos los demás, emparedados entre otros dos números, aunque ellos más separados entre sí. Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error, como perlas ensartadas en un collar, y otras veces que también ellos querrían ser como los demás, números normales y corrientes, y que por alguna razón no podían. Esto último lo pensaba sobre todo por la noche, en ese estado previo al sueño en que la mente produce mil imágenes caóticas y es demasiado débil para engañarse a sí misma.
En primer curso de la universidad había estudiado ciertos números primos más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número par que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43. Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que encontramos son números primos aislados, como perdidos en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras, y uno tiene la angustiosa sensación de que las parejas halladas anteriormente no son sino hechos fortuitos, y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos. Pero cuando, ya cansados de contar, nos disponemos a dejarlo, topamos de pronto con otros dos gemelos estrechamente unidos. Es convencimiento general entre los matemáticos que, por muy atrás que quede la última pareja, siempre acabará apareciendo otra, aunque hasta ese momento nadie pueda predecir dónde.
Mattia pensaba que él y Alice eran eso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos pero nunca juntos. A ella no se lo había dicho. Cuando se imaginaba confiándole cosas así, la fina capa de sudor que cubría sus manos se evaporaba y durante los siguientes diez minutos era incapaz de tocar nada.
Cierto día de invierno hizo una cosa. Había pasado la tarde en casa de Alice, que estuvo todo el tiempo zapeando ante la tele. Mattia no atendió ni a las palabras ni a las imágenes del aparato. El pie derecho de ella, que tenía apoyado en la mesa, invadía por la izquierda, como la cabeza de una serpiente, su campo visual. Alice movía y doblaba los dedos con una regularidad hipnótica. Aquel repetido movimiento había hecho nacer en él algo sólido e inquietante, y se esforzó por mantener la mirada fija el mayor tiempo posible, a fin de que nada cambiara en aquella imagen.
Al llegar a su casa cogió un mazo de folios del cuaderno de anillas, lo bastante grueso para que el bolígrafo corriera fluidamente, sin rascar la rígida superficie de la mesa. Igualó los bordes, primero los de arriba y abajo y luego los lados. Escogió el bolígrafo con más tinta de los que tenía en el escritorio, le quitó la capucha, que insertó en la punta opuesta para que no se extraviara, y en el centro exacto del folio, que calculó sin tener que contar los recuadros, comenzó a escribir.
2760889966649. Puso de nuevo la capucha al bolígrafo, lo dejó junto a los folios y leyó en voz alta: Dos billones setecientos sesenta mil millones ochocientos ochenta y nueve millones novecientos sesenta y seis mil seiscientos cuarenta y nueve. Lo leyó de nuevo, esta vez en voz queda, como para aprenderse el trabalenguas. Y decidió que aquel número era el suyo. Estaba seguro de que ninguna otra persona en el mundo, ninguna otra persona en toda la historia del mundo, había pensado nunca en aquel número. Hasta ese momento, probablemente tampoco nadie lo había escrito y menos aún pronunciado en voz alta.
Tras un momento de vacilación, dos renglones más abajo escribió: 2760889966651. Y éste es el suyo, pensó. En su imaginación, aquellas cifras se habían teñido del color morado del pie de Alice recortado contra el resplandor azulado del televisor.
Bien podrían ser dos primos gemelos, pensó Mattia. Y si lo fueran...
Consideró con detenimiento la posibilidad y buscó divisores de aquellos dos números; con el 3 era fácil: bastaba con sumar las cifras y ver si el resultado era un múltiplo de 3. El 5 quedaba descartado de antemano. Quizá había una regla también para el 7, pero como no la recordaba hizo la división en columna. Siguió con el 11, el 13, etc., en cálculos cada vez más complicados. Cuando estaba con el 37 el sueño se apoderó momentáneamente de él y el bolígrafo le resbaló por la página. Al llegar al 47 abandonó. Aquello sólido que había sentido nacerle dentro estando con Alice se había disipado como el olor en el aire y ya no lo notaba. Se hallaba solo en su cuarto, en medio de un montón de folios cuajados de inútiles divisiones. El reloj marcaba las tres y cuarto de la mañana.
Cogió entonces el primer folio, aquel en cuyo centro había escrito los dos números, y se sintió imbécil. Lo rasgó por la mitad, una y otra vez, hasta que los bordes superpuestos resultaron tan duros que pudo pasarlos como una cuchilla bajo la uña del anular izquierdo."
viernes, octubre 09, 2009
¿Qué significa soñar con un delfín?
Soñar con un delfín es un sueño positivo. En los sueños un delfín simboliza dirección espiritual así como su propia inteligencia, capacidad mental y confianza emocional. Si utiliza toda la capacidad de su mente, tendrá éxito en la vida.
Si sueña con un delfín, también puede significar que se ha establecido una línea de comunicación entre la parte consciente y la parte subconsciente de usted. Los delfines en los sueños representan su disposición y capacidad para explorar y navegar por sus emociones.
Soñar que está montando sobre un delfín representa su optimismo y su altruismo social.
El soñar con defines, es que perderemos amistades.
Si lo vemos fuera del agua, es que seremos engañados.
Si el delfín nada en nuestros sueños, nos protege y nos brindan su ayuda, significa que tendremos amigos fieles y sinceros.
jueves, octubre 08, 2009
Nothingman
Some word’s when spoken...
Can’t be taken back...
Walk’s on his own...
with thoughts he can’t help thinking...
Futures above...
but in the past he’s slow and sinking...
Caught a bolt a lightning...
cursed the day he let it go...
Nothingman... (2x)
Isn’t it something?
Nothingman...
She once believed...
in every story he had to tell...
One day she stiffened...
took the other side...
Empty stares...
from each corner of a shared prison cell...
One just escapes...ones left inside the well...
And he who forgets...
will be destined to remember...oh...oh...oh...
Nothingman... (2x)
Isn’t it something?
Nothingman...
Oh, she don’t want him...
Oh, she won’t feed him...
after he’s flown away...
Oh, into the sun...ah, into the sun...
Burn...burn...
Nothingman... (2x)
Isn’t it something?
Nothingman...
Nothingman... (2x)
Could a been something...
Nothingman...
Oh...ohh...ohh...
