lunes, marzo 26, 2007

Electroshock

En la edición de ayer de artes y pegas apareció un artículo, a mi juicio interesante, sobre el Electroshock titulado: "Juicio a la terapia de electroshock en artistas"

A continuación lo reproduzco, sobre todo porqué aún no se sabe las razones por las que tiene los efectos que tiene, bueno como muchas cosas en médicina.

Cargos: se acusa al electroshock de ser un método de tortura travestido de terapia psiquiátrica, de generar daño físico, cerebral y en la personalidad y de perjudicar el trabajo de los artistas que se han sometido a él.
Los acusadores son algunos de sus pacientes -artistas incluidos-, médicos, la antipsiquiatría y el cine.
El juicio sobre sus actos pasados ya fue dictado: culpable. El veredicto respecto a sus acciones presentes aún está en discusión.


Si hubieran querido hacerlo más monstruoso, de seguro no habrían podido. El electroshock nació con el potencial para desarrollar una de las estéticas más horrendas de la psiquiatría. Y lo hizo.

Modus operandi

Imagine que es 1950 y un ser humano está atado a una camilla, agréguele dos electrodos en la cabeza, conéctele corriente y vea el cuerpo retorcerse con dolor al ritmo de una convulsión -si gusta puede incluir algún hueso roto por las sacudidas-, luego saque los electrodos de las sienes quemadas y espere, que viene lo peor: cuando despierte, esa persona podrá haber perdido la memoria, la inteligencia o a sí mismo. Ahora, sepa que esto no fue sólo imaginación, sino que sucedió. El relato es totalmente aplicable -salvo por las fracturas- a Vivien Leigh. La inolvidable Scarlett O'Hara de Lo que el viento se llevó fue internada tras sufrir alucinaciones y según su esposo salió "sin ser la misma chica de la que me había enamorado". Pero Leigh no ha sido la única.

La lista de artistas sometidos a electroshock es larga, trágica y ruidosa. A algunos el tratamiento no los mejoró de las enfermedades que trataron de exorcizar con corriente. Ese fue el caso de la cantante Carmen Miranda, que terminó consultando a una bruja en busca del esquivo alivio. Otros, simplemente no lo hallaron: Rodrigo Lira, Ernest Hemingway, Judy Garland y Sylvia Plath optaron por suicidarse. Y aunque muchos pacientes mantuvieron la vida, algunos de ellos alegaron que sepultó su trabajo creativo. La cineasta Leni Riefenstahl y el escritor Juan Rulfo son ejemplo de quienes no produjeron más tras la terapia. Hemingway tampoco lo hizo y lo denunció poco antes de darse un tiro con una escopeta.

Con ese historial, el electroshock ameritó un capítulo exclusivo en el informe Causando daño a los artistas: la psiquiatría arruina la creatividad, que publicó en 2004 la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos y que incluía, entre otras firmas, las de la actriz Juliette Lewis y el compositor David Campbell. A pesar de que esta comisión es una organización establecida por la hollywoodense Iglesia de la Cienciología, el reclamo no se limita a sus creencias ni a su acción en las artes. Aunque sí acusan que sus supuestos efectos negativos son más perjudiciales en creadores.

Reputación con historial

No todo lo que se ha dicho sobre el electroshock es cierto (a pesar de las comparaciones, está a 1.900 voltios de la silla eléctrica). Sin embargo, nadie niega que su mala fama tenga sustento real. De hecho, tras su invención en 1937 (o 1938, no hay acuerdo al respecto), no costó mucho que a los creativos de hospitales psiquiátricos, dictaduras varias y agrupaciones extrañas -como Colonia Dignidad- se les ocurriera usarlo como método de castigo y tortura. Por si no bastara con eso, su base dramática se amplifica al considerar que las aplicaciones médicas se repetían hasta el cansancio en sujetos que soportaron hasta 60 sesiones, como en el caso del escritor francés Antonin Artaud. Además, la terapia fue erróneamente aplicada en "enfermedades" como el delirio de grandeza y la homosexualidad (Lou Reed recibió corriente para intentar "enderezar su conducta desviada"). Pero los defensores actuales del electroshock se refieren a ese pasado de horror como el comienzo de una versión -muy gore- del cuento El patito feo.

Hoy ya no es lo que fue. Desde que a principios de los 50 el advenimiento de los medicamentos amenazó la hegemonía eléctrica, se han tomado medidas para mejorar la situación pasada. Se ha regulado el voltaje para hacerlo más seguro. El escupito fue reemplazado por gel conductor. Los peligrosos estertores corporales se evitan con relajante muscular que paraliza todo el cuerpo, salvo un pie que permite controlar la convulsión. La sensación de asfixia que produce el relajante se contrarresta con anestesia general y los peligros de ésta quedan bajo supervisión de médicos que vigilan las condiciones del paciente.

Las medidas también han trascendido el campo médico. Las máquinas han mejorado y en muchos países -Chile incluido- se ha normado para exigir la autorización del paciente o de su familia y para que se les informe adecuadamente (en el pasado muchos enfermos nunca se enteraron de que recibieron un electroshock).

Así, sus defensores se ufanan de que hoy en día la terapia electroconvulsiva incluso es más segura que los fármacos porque tiene menos efectos secundarios. Si se ocupa generalmente en último recurso es, según ellos, por culpa de su mala fama o porque es más aparatoso que tomar una pastilla.

Corrección desconocida

Sin embargo, los cambios al electroshock son desconocidos para la mayoría. Ni siquiera ha funcionado el intento por "limpiarle los papeles" renombrándolo como terapia electroconvulsiva (TEC). La imagen que se mantiene es la del electroshock primitivo; ese que la psiquiatra del Hospital Clínico de la Universidad de Chile Juana Villarroel describe como en el que "prácticamente electrocutaban a los pacientes y podían fallecer o quedar tontos" y en la que el psiquiatra y escritor Marco Antonio de la Parra confiesa haberse sentido "un poco Frankenstein".

Pero tampoco se trata de que la terapia electroconvulsiva de hoy esté libre de cuestionamientos y sólo cargue con el desconocimiento acerca de su evolución. Las modificaciones al procedimiento han logrado controlar los efectos sobre el cuerpo, pero aún quedan huellas en la mente -lo que la antisiquiatría considera su peor daño-. Incluso el neurólogo Sidney Sament cree que este tipo de secuelas es inherente a la TEC, que según él es un tipo controlado de daño cerebral que elimina síntomas psiquiátricos.

Aunque no van tan lejos, todos -incluidos asociaciones de psiquiatras que lo aprueban y doctores que lo aplican- reconocen que afecta la memoria, generando confusión y olvido. Y es esta secuela la acusada de afectar especialmente el trabajo creativo de artistas e intelectuales. Como utilizan ideas y su propia historia, si de un momento a otro olvidan gran parte de ello, sería inevitable que afectara su trabajo. Pero no hay consenso sobre la duración del olvido y, por tanto, de la inhabilitación creativa. Existen versiones que lo limitan a un día hasta otras que lo extienden de por vida. En los casos donde se prolonga de forma permanente, se culpan unos a otros: los defensores de la terapia acusan a la patología de base y los opositores postulan que la responsabilidad es del tratamiento.

Veredicto popular

Aunque la lista de artistas que sustenta los alegatos al electroshock está formada por personas que se sometieron a esta terapia antes de su reformulación (ninguno de los artistas chilenos consultados quiso confirmar una experiencia reciente de este tipo), hoy los médicos tampoco coinciden en las consecuencias posibles para personas con trabajo intelectual. Unos, como el psiquiatra y actor León Cohen, afirman que no afecta los espacios de creatividad de un artista. Otros, como De la Parra, reconocen que podría generar una pausa en su trabajo, pero que esto es preferible al punto final que estamparía el suicidio: "Prefiero que esté un año en zozobra y rescatarlo".

Si además de evitar la muerte, el electroshock alivia la enfermedad, Cohen cree que no sólo prolongará el tiempo de trabajo sino que "puede aportar en una mejoría de su capacidad. En algunos artistas, el alcohol, las dosis altas de benzodiazepinas, las drogas duras son factores mucho más frecuentes en el daño de sus facultades".

Pero estas ideas aún no le han ganado la batalla a los terribles testimonios pasados y los miedos actuales provocados por su estética asociada y el misterio de su funcionamiento. Mientras no lo haga, el juicio público al electroshock seguirá pendiente, limitado a acumular una serie de resoluciones particulares cada vez que a alguien le pregunten ¿se haría usted un electroshock?

Misterio sin resolver

Si fue primero el huevo o la gallina, por qué la tostada siempre cae invertida, o cuál es la forma en que el electroshock funciona son parte de nuestra batería de preguntas sin respuesta. Hasta hoy, se desconoce a ciencia cierta la forma en que la terapia electroconvulsiva logra generar una mejoría. Lo que sí se tiene claro es que sería la convulsión -no la electricidad- lo que curaría la esquizofrenia y depresiones extremas o resistentes a los fármacos.

Pero a falta de certezas sobre su funcionamiento, sobran teorías. Entre ellas, la más sostenida hoy en día es la que compara la TEC con un "reseteo" cerebral, que reconectaría las neuronas produciendo una mejoría neuroquímica. Así el reinicio favorecería la sincronía neuronal, que contrarrestaría la asincronía asociada a la psicosis.

Electroshock versus electrocución

No lo intente en casa. Meter los dedos en el enchufe no sirve como versión casera de electroshock actual. La advertencia, en este caso, no es una estrategia de los especialistas para asegurar pacientes. Así que no se confunda, científicamente existen razones que explican la diferencia. Algunas de ellas las da la psiquiatra del Hospital Clínico de la Universidad de Chile Juana Villarroel:

1
La corriente eléctrica en Chile es de 220 voltios, por lo que la descarga doméstica es mayor al promedio de 110 voltios que aplican los médicos.

2
El tiempo que alguien permanece electrocutándose es variable, en la terapia está determinado de antemano.

3
La entrada de la energía desde el enchufe al cuerpo se produce por los dedos; en la TEC, por un lado de la cabeza.

4
En el caso doméstico, la corriente sale por lo que esté haciendo tierra -usualmente los pies-; en el tratamiento psiquiátrico, escapa por la sien.

5
Como difieren los puntos de entrada y salida, no son comparables los trayectos de energía que realizan por el cuerpo.

6
Alguien electrocutado queda con quemaduras, pero se supone que desde que se reguló el voltaje aplicado, la terapia electroconvulsiva ya no deja marcas en las sienes.

7
Se puede recibir una descarga eléctrica sin que se provoque convulsión; si esto llegara a pasar, no serviría, porque la convulsión es la que causa el efecto terapéutico.

8
Aunque controlara todo lo anterior, necesitaría al menos electrocutarse cuatro veces más, porque el electroshock sólo muestra resultados a partir de la quinta sesión.

1 comentarios:

Acuarela dijo...

Muy bueno el artículo.